HISTORIA MILITAR Y POLÍTICA DE ZUMALACARREGUI

Editorial Tradición

La edición que ahora presentamos, es una edición Fascímil de la publicada en 1844 en Madrid, por la Imprenta de la Sociedad de Operarios del mismo Arte. Ahora que tanto se habla de memoria histórica es necesario recobrar la verdadera historia de los héroes que primero se levantaron contra los franceses en la Guerra de la Independencia, y luego es levantaron en defensa de la España auténtica apoyando los intereses legítimos de D. Carlos V, frente a Isabel II. El general Zumalacárregui, es una más de esas figuras que la historia moderna, y muy especialmente el PNV, han querido apropiarse como precursoras del movimiento independentista. Sin embargo, la realidad es bien diferente, pues Zumalacárregui sólo amo y lucho por una España que quería católica y libre de influencia foránea.

MEMORIA DE LA GUERRA DE NAVARRA Y LAS PROVINCIAS

Editorial Tradición

Luis de Evans, adicto a la causa de Isabel “II�?, nos narra de forma apasionada los acontecimientos que sumergieron a las provincias vascongadas en una dura guerra de la que este año se cumple el 175 aniversario. Lo más destacado es, sin duda alguna, la descripción que Evans realiza de la valerosa expedición del general carlista Gómez a lo largo y ancho de la península (desde Santiago de Compostela, hasta Córdoba). El propio Evans, no puede eludir la fuerza de la realidad, las tropas carlistas pueden recorrer sin problemas toda España debido al gran apoyo popular de su causa. De igual forma, los liberales encuentra numerosos problemas en mantener una persecución por tierras supuestamente adictas pero realmente desafectas.

ANUARIO 2008 DEL BOLETÍN CARLISTA DE MADRID

Editorial Tradición

El Boletín Carlista de Madrid, con la publicación de este almanaque a todo color, ha hecho un generoso esfuerzo que será recompensado por su público. Este almanaque recoge en un sólo volúmen todos los números del Boletín Carlista editados en el 2008. Dos novedades presenta la actual edición. La primera, es que este volúmen en tomo único, es la única posibilidad de adquirir el Boletín sin necesidad de estar suscrito. La segunda, es que por primera vez se edita el Boletín Carlista a todo color. La edición a color es una de las más destacables novedades, pues en sus casi 100 números de historia, el Boletín soló se había editado en color en un par de ocasiones y siempre bajo los auspicios económicos de su anterior y entrañable director Don Javier de Lizarza. Sin duda, todas los carlistas y aficionados a la historia disfrutarán de este maravilla.

EL BOLETIN CARLISTA DE MADRID

http://www.lavoz.circulocarlista.com/el-boletin-carlista-de-madrid

El Boletín Carlista de Madrid es el órgano de comunicación del Circulo Carlista San Mateo. La publicación tiene una periodicidad trimestral, publicándose un total de cuatro números al año. El Boletín trata temas principalmente del carlismo, pero sin olvidar los debates de actualidad. De gran tradición y gonzando de gran prestigio el Boletín verá modificada su estructura en el primer número del años 2008, habiendose modificada y actualizado sus logotipos, su apariencia, el diseño de su cabecera, creándose nuevas secciones. La suscripción anual es de 16 €. El Boletín Carlista de Madrid Apdo. Correos: 10.089 28080 Madrid info@circulocarlita.com

Cambio de dominio.

Desde el día 01/04/2010 este Blog continuará en la dirección www.circulocarlista.com. Ya estamos trabajando en el traspaso de todos sus contenidos. Desde hoy, la edición digital del Boletín Carlista de Madrid, se encargará de mantener informados a todos los carlistas.
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Tal día como hoy, pero un 31 de agosto de 1839, si firmaba el infausto Convenio de Vergara entre Espartero y el traidor Maroto.


Pero un 13 de agosto de 1873, el general Lizarraga cumplía el deseo carlista de hacer olvidar tan infausto acontecimiento.


El 13 de agosto de 1873 Lizarraga tomaba la villa de Vergara y ordenaba que se procediera a la anhelada destrucción del Convenio. El documento original firmado por Espartero y Maroto había sido enterrado, junto con otros trofeo de guerra, en el mismo campo donde tuvo lugar el histórico Abrazo, que algunas fuentes sitúan en la zona de Ozaeta.


El día 15 de agosto, después de oír misa con todas las fuerzas guipuzcoanas, rodeado de su Estado Mayor, escoltado por las caballería guipuzcoana y alavesa y en presencia de tres batallones, Lizarraga, tras una vibrante alocución, bajó del caballo, cogió un azadón y «dio un golpe simbólico en la tierra donde se guardan los trofeos del Convenio con diez artículos que han quedado como baldón de ignominia para el nombre de Rafael Maroto». Se levantó la lápida, se extrajo el documento original y demás efectos y todo ello fue pasto de una hoguera que redujo el Convenio a cenizas.

"Sistema telegráfico de los carlistas en Alava.- Desde el centro donde reside la Diputación á guerra, en Aramayona, hasta la villa de Murguía, tienen los carlistas catorce estaciones telegráficas, con cierto sistema inventado por un catalán. Compónese cada aparato de un gran marco de madera fijo en el suelo y adicionado lateralmente con dos varas ó apéndices de igual diámetro. de estos dos apéndices, y del madero que los une, parten ocho alambres que se fijan al suelo formando con él un ángulo de 30 grados. Por medio de un sistema sencillo de poleas, suben y bajan á lo largo de los alambres tres rectángulos de lienzo de iguales dimensiones y uno de doble extensión, que se mueve en el centro del mecanismo.

Según la posición relativa de los lienzos, ya aisladamente, ya respecto a los de igual tamaño ó bien con relación al mayor central, así se significan distintos números que corresponden á las letras del alfabeto. el sistema es sencillísimo, pero se emplea con él mucho tiempo para la transmisión de los despachos.


Como el país es muy accidentado y el horizonte corto, y no conviene á los carlistas que las noticias puedan leerse desde puntos dominados por el enemigo, las estaciones no están situadas el los lugares más altos, sino en los extremos salientes del terreno, de manera que distan entre sí poco más de 400 a 500 metros.


Sirven estos aparatos sencillos aldeanos, que trasmiten fielmente las señales, pero que no las comprenden; así es que semejante sistema, causa la admiración y el asombro de los habitantes de aquellas montañas y de los soldados del Pretendiente"

Fuente: "La Ilustración Española y Americana" de 30 de septiembre de 1874
Nicolás Rivero Muñiz (Las Callejas, Villaviciosa, 23 de septiembre de 1849- La Habana, 2 de julio de 1919) estudió en el Seminario menor de Valdediós, Villaviciosa, y de allí pasó al Seminario Concicliar de Oviedo, aunque en 1872 interrumpió sus estudios de teología en dicho centro para empuñar las armas en favor del pretendiente Carlos durante la III Guerra Carlista (1872-76).

Por méritos de guerra, alcanzó el grado de comandante, pero una vez finalizada la contienda tuvo que emigrar a Francia. La amnistía de 1876 le permitió regresar en diciembre de ese año a Oviedo y no desaprovechó el tiempo entonces, pues el 11 de octubre de 1878, obtuvo en esta ciudad el título de notario. No parece que llegara a utilizarlo, pues antes de que finalizara el año 1879 se encontraba en Cuba, al amparo de un destino burocrático: secretario del Ayuntamiento de Bauta, pero con la verdadera intención de buscar fortuna.

Nada más llegar a La Habana, fundó el periódico El Relámpago, que él mismo dirigía y redactaba en su totalidad. Fue ésta una publicación combativa, desde la cual, Rivero propagó sus ideales tradicionalistas y atacó a algunas autoridades, como el gobernador civil de La Habana, por su negligencia en el gobierno de aquella colonia. El mismo año de su fundación, 1881, El Relámpago fue suprimido por el capitán general de la isla, y su director deportado a España. Meses después volvió a la isla, donde en 1882, fundó, dirigió y escribió otro periódico, El Rayo, al que, una vez suspendido, sucedió La Centella. Las suspensiones por ataques a la autoridad se repetían, y tras ellas surgían otros tantos periódicos: El General Tacón, El Pensamiento Español y El Español, al lado de otros más comedidos como El Eco de los Voluntarios y El Eco de Covadonga.

A pesar de su historial carlista, en 1905 fue agraciado con la Gran Cruz de Alfonso XII, y a comienzos de 1919 -poco antes de fallecer- se le concedía el título nobiliario de conde de Rivero.

Rivero es autor de Retratos al minuto (1884), ¿Dónde está mi padre? (1884), unas interesantísimas Memorias, aparecidas en el Diario de la Marina (1911-14), y algunos libros de crónicas y de viajes publicados en La Habana: Vivir de milagro (1886), Recuerdos de viaje (1904), El Colorado (1905), Recuerdos de México (1911), Veinte días en automóvil por Francia y Suiza (1913) y El conflicto europeo (1916).

Fuente: http://bibliotecavirtual-pdf.blogspot.com/



La primera entrega de dos videos sobre la leyenda de la muerte de Isidre Pàmies alias el Cercós hace ya años llegó a mis oídos una leyenda totalmente surrealista sobre un guerrillero carlista que había sido desenterrado en el cementerio de La Mussara , la intensa niebla de La Mussara y una mujer que contaba la leyenda que era una bruja que fue fusilada por error por las tropas liberales Con el tiempo me fui interesando por esta leyenda y empecé a buscar información sobre los sucesos verídicos que ocurrieron aquel año de 1.873 en plena guerra carlista. Fue así como gracias a los cronistas de la época y a las personas que se han encargado de ir transmitiendo la verdadera historia empecé a descubrir la verdadera versión sobre la leyenda de la muerte del Cercós, un comandante carlista que estuvo al mando de las tropas carlistas de Tarragona, se movió mucho por las montañas de La Mussara y en el pueblo donde se dice que llego a reunirse con otros importantes cabecillas carlistas como el capellán de Flix o el Cúcala, un cabecilla que vino de la zona conocida como el Maestrazgo, en esta primera parte de los dos videos, me situó en el Mas del Joan Pau, un pastor simpatizante carlista, en esta masía cuenta la leyenda, y parece ser que también la historia, que fue trasladado el Cercós cuando el día 19 de octubre de 1.873 cayó mortalmente herido en la batalla que tubo lugar en Prades entre las tropas liberales y carlistas, el viejo pastor Joan Pau no pudo hacer nada por curarle las heridas y a los pocos días Isidre Pàmies falleció, en este punto comienza la segunda parte de la leyenda que se puede ver en el segundo video de la entrega )
Tal día como hoy, pero un 25 de diciembre de 1873.- Carlos de Borbón, es coronado rey de las Españas en Loyola, con el nombre de Carlos VII.
Por su interés para nuestros lectores, reproducimos en siguiente artículo de César Alcalá

Recientemente (24 de septiembre de 2009, a los 83 años) ha fallecido el amigo Juan Casañas Balsells. De familia carlista decidió seguir a Mauricio de Sivatte y formar parte de la Regencia Nacional y Carlista de Estella (RENACE). Primero nos dejó Sivatte, luego Cusell, Luna, Orbe y ahora él. De aquella vieja guardia sólo queda vivo Miguel Garisoain.

Hablar de Casañas es complicado. Era un buen amigo con el que compartí muchas horas de charla y confidencias. También es complicado por la evolución que tomaron algunos acontecimientos. Antes de escribir esta nota de recuerdo a su figura he releído una carta que le envió, el 5 de diciembre de 1996, a José María Cusell. Ambos ya no están entre nosotros y creo que me perdonaran esta licencia.

Casañas abandonó la presidencia del Consejo que se creó después de la unificación de 1986 y se dio de baja del carlismo formalmente el 27 de febrero de 1990. Con anterioridad, el 19 de junio de 1987, se le pidió que renunciara a la Regencia y eso nunca lo haría. Prefirió marcharse: “para que nadie pudiera acusarme de intrigar o interferir en la marcha de la CTC y culparme de su inoperancia práctica”. Por eso se retiró de cualquier acto organizado por la CTC y sólo al final, en 2003, volvió a ser visto por culpa de un servidor que le incitó a que lo hiciera.

Cuando falleció José Vives, en enero de 2005, le llamé. Llevaban años sin hablarse. Sin embargo, se sintió compungido y me preguntó: “¿a qué hora es?”. Casañas fue a despedir al amigo, aunque las circunstancias los hubiera separado.

Le costaba mucho hablar del pasado. Tenía una espina clavada en el corazón. Consideraba que había sido traicionado. Tenía muy claro que la Junta de la Regencia era la depositaria de la legítima autoridad del Carlismo y de España. También consideraba que esta tenía que haber actuado en El Escorial en 1986. Sin embargo, aceptaba la obediencia de CTC, pues al no actuar la Junta quedó ilegitimada por inexcusable dejación de sus funciones. No comprendía como personas importantes en la época de Sivatte -Luna, Gómez del Moral, él mismo- hubieran quedado apartados del nuevo organigrama creado en 1986.

Al morir en 1980 Sivatte pasó a ser portavoz de la Regencia. Nunca me explicó si formaba parte o no de la Junta de la Regencia. Lo cierto es que desde junio de 1987 nunca más volvió a tener contacto con ningún miembro de la Junta. Él consideraba que esta tenía que haber salido en su auxilio y apoyarlo en aquellos complicados momentos. Nada de esto pasó. Confesaba que lo habían dejado sólo y eso le dolía: “Era un estorbo para muchos, por eso prefirieron que me marchara a mi casa. Yo, un carlista de raza, era apartado por defender los mismos postulados que Sivatte”.

Todo aquello era un mal sueño para Casañas. Y este mal sueño se basaba, según él, en el frustrado proceso hacia la unidad que se produjo en El Escorial en 1986. Creía que, después de la muerte de Franco, España estaba llamada a hacer realidad el deseo expresado por S. S. Pío XII.

Ahora que hay consultas independentistas y que algunos están por la fragmentación de España, se ha de saber que Casañas, en 1996 ya lo vaticinaba: “pienso que el castigo -al haber aceptado la transición- puede ser la desaparición de España como Nación, porque si la razón de ser de España era la implantación del Reinado social de N. S. Jesucristo en el Mundo, abandonada esta misión España pierde su razón de ser”.

Como heredero de la legítima autoridad del Carlismo y de España consideraba que había fracasado: “fracasé en el intento de conseguir la unidad para la acción política de los diversos grupos carlistas para hacer frente a los avances de la Revolución. No se aceptó la fórmula propuesta, y se prefirió una fusión total, cuyo resultado ha sido la paralización de la acción… no estamos, no existimos. Mi fracaso al no conseguir que se adoptara la única fórmula que me parecía viable, me incapacita para reemprender cualquier actividad política. Es el sino de todos los políticos que han propuesto y propiciado un cambio que luego ha seguido por caminos distintos. No me queda, pues, otra alternativa que mantenerme apartado y refugiarme en la oración para que el Señor, por los caminos de sus designios, se digne adelantar el advenimiento de su Reino”.

Así era Juan Casañas Balsells. Quizás estas notas de despedida no sean políticamente correctas. Tampoco lo fueron Sivatte o Casañas en vida y tal vez tampoco lo sea un servidor. A veces uno tiene que seguir los mandatos de su corazón y aunque con dolor, quedarse en casa. Esto no significa renunciar a sus principios ni a sus ideas. Todo lo contrario. Casañas siempre fue un carlista de raza en la lucha y en el olvido.

Es posible que, en un futuro, alguien relea las ponencias y artículos que publicó. Quizás en ese momento obtenga el reconocimiento que se merece. Tal vez esto no ocurra nunca. Posiblemente así ha de ser. Lo que no ocurrirá es que aquellos a los cuales nos ofreció su amistad lo olvidemos. Eso nunca pasará.

Amante de los “castells” siempre que podía viajaba a Valls para ver la colla vella, que la habían fundado los carlistas. No era familiar del cardenal Casañas, pero le gustaba explicar esta anécdota: “Una vez el cardenal Casañas fue recibido por Isabel II. Esta le comentó: Me han dicho que usted es carlista. El cardenal le contestó: Eso dicen Señora, eso dicen”. Amigo Juan, descansa en la paz del Señor y, como te dije en alguna ocasión, para algunos nunca fracasaste. Un carlista de raza puede ser un incomprendido, pero nunca un fracasado.


César Alcalá
Sin duda alguna, el bacalao es uno de los pescados estrellas en la gastronomía de las provincias vascas. Este pescado, del cual existen alrededor de 60 especies, posee miles de recetas en esta región norteña de España. Esto se debe a la Primera Guerra Carlista que se desarrolló entre 1833 y 1840, cuando la localidad de Bilbao se mantuvo sitiada y este pescado cantábrico salvó de la hambruna al pueblo entero, debido a que era el único producto con relativa facilidad de obtención.
Autor: Antonio Manuel Moral Roncal
Editorial: Biblioteca Nueva, Madrid 2009
Páginas: 263
ISBN: 978-84-9742-905-4

El debate no simplemente sobre la laicidad del estado, sino sobre la laicidad de la sociedad, no es un debate nuevo.

Es más, aunque el progresismo trata de convencernos de lo novedoso de todas sus afirmaciones e invenciones, el debate de la laicidad ya tiene más de dos siglos de existencia; y aunque parezca difícil de creer, es fácil imaginar que será un debate abierto hasta el fin de los tiempos.

Es un debate abierto, pues cuando se pretende legislar en contra de la naturaleza, y de la esencia de la cosas (no sólo de pan vive el hombre), cualquier lucha, aunque tenga triunfo parciales, está condenada al fracaso.

La Revolución Francesa enseño a todos los intelectos dedicados al estudio y la reflexión, que la lucha laicista es una lucha condenada al fracaso. Los revolucionarios destruyeron templos, exterminaron órdenes monásticas, mataron sacerdotes, persiguieron monjas, acabaron con la exteriorización de los símbolos religiosos, pero en época de Napoleón (III) el camino tuvo que ser desandado: la Iglesia y su obra seguían siendo necesaria a la sociedad francesa. De este modo, los inicios del siglo XX en Francia supusieron un recrudecimiento del laicismo belicoso, que se vio frenado por el estallido de la Primera Guerra Mundial.

En España, la historia del movimiento laicista y los numerosos ataques a la Iglesia, han sufrido igual número de avances, e igual número de retrocesos. Sin bien durante la Primera Guerra Carlista, los liberales persiguieron a la Iglesia, ya fuera con la desamortización, ya sea con la quema de templos, ya fuera con la persecución de religiosos, el régimen liberal establecido tras la derrota de los legitimistas tuvo que aprender a respetar los derechos de la Iglesia, que no eran otros que los derechos de los españoles.

En 1868, con el triunfo de la revolución (“La gloriosa” para sus defensores) el laicismo belicosa volvió a cobrar toda su fuerza, aunque inútiles fueron sus esfuerzos, al topar con una sociedad española acostumbrada a vivir en la libertad católica; de este modo, la restauración alfonsina tuvo que volver a pactar con la iglesia, pacto que significó pactar con la inmensa mayoría de pueblo español.

En estas condiciones se encontraba la sociedad española en 1931, momento de advenimiento de la II República. Los principales problemas españoles de la década de los treinta eran similares a los que nos encontramos en la actualidad bajo el gobierno socialista: crisis económica (España, sufre las crisis provocada por el crac de 29), grandes tasas de desempleo (con especial importancia en las grandes ciudades), la persistencia del problema del campo español (grandes latifundios, mal reparto de la tierra y el trabajo, precariedad en el empleo- el único problema que aún persistiendo en la actualidad ha modificado su realidad, pues el actual problema del campo español es su ineficiencia económica, viviendo únicamente por un deficiente sistema de subvenciones), la desconfianza en las instituciones (las elecciones de abril del 31 supusieron una crítica a las instituciones monárquicas, sin que supusieran contrariamente a lo que algunos autores pretenden, un apoyo al nuevo régimen republicano); sin embargo, las prioridades del poder político republicano no eran las mismas que las del pueblo español, empeñando todos sus esfuerzos en llevar a cabo una labor de ingeniería social, tratando de transformar la sociedad española, en vez de ayudarla a salir de su grave crisis social y económica.

En el nuevo régimen republicano, las izquierdas se empeñaron en realizar su propia revolución, prescindiendo del sentir mayoritario del pueblo español. El cambio de la enseña nacional, el cambio sin plebiscito previo de la configuración del Estado (de monarquía a república), y la persecución inmisericorde a la religión mayoritaria, son ejemplos claros de esa revolución elitista.

Frente a las izquierdas furibundas, se alzan unas derechas desunidas, caracterizadas por la divergencia de criterios en multitud de asuntos, siendo quizá el de mayor importancia, la actitud a tomar frente a las instituciones republicanas; es decir, el dilema que se planteaba a la derecha era colaborar con las instituciones republicanas, aun con serias dudas sobre su legalidad, o enfrentarse a las mismas. En este debate abierto, surgen varias posturas defendidas por diferentes grupos políticos y sociales, el posibilismo, el accidentalismo y el integrismo. Este debate, es el que justifica la excelente obra de Moral Roncal, que hoy traemos a nuestras páginas.

Efectivamente, la relación entre las instituciones republicanas y el carlismo, y más exactamente, la diferente forma de afrontar el problema de la cuestión religiosa suscitado por la legislación anticlerical republicana, entre la jerarquía eclesiástica y la Comunión Tradicionalista Carlista, constituye el objeto principal de “la cuestión religiosa en la Segunda República española. Iglesia y carlismo”. Desde luego que la trayectoria investigadora de don Antonio Manuel Moral Roncal le avala para encarar con solvencia intelectual la intrincada relación iglesia- carlismo en la España de los años 30; y desde luego que el tema no es sencillo, por cuanto la postura oficial y pública del carlismo prebélico, no era coincidente con la postura de muchos de sus líderes históricos. Es más, ni siquiera la postura carlista era unívoca entre todos sus líderes.

Nada nuevo descubrimos si decimos que, sin duda, el cardenal Pedro Segura (primado de España), era de los pocos príncipes de la iglesia que se mostró claro partidario del tradicionalismo (salvedad hecha de las pretensiones legitimistas en cuanto a la sucesión a la corona). Nada nuevo descubrimos, si referimos las frías relaciones entre el Vaticano y la Comunión Tradicionalista Carlista. Igualmente, nada nuevo decimos, si manifestamos los fuertes personalismos en algunos de los lideres carlistas (el conde de Rodezno, Fal Conde, Lamamié de Clairac...); pero el libro del Moral Roncal no sólo trata todos estos temas, sino que aborda con profundidad la tensa relación entre el carlismo y la Acción Católica, el confuso juego de intereses entre la CEDA y la Comunión, el duelo de liderazgos entre Fal Conde y Herrera Oria, las calculadas relaciones entre carlistas y Renovación Española y la importancia de la figura de Vidal y Barraquer en la visión del problema español por parte de Vaticano.

A los pocos meses de su publicación, “la cuestión religiosa en la Segunda República española”, se ha convertido en un libro clave para comprender la difícil relación entre el carlismo y la iglesia de los años 30, y para comprender el carácter de cruzada que necesariamente tenía que adoptar la guerra del 36. Moral Roncal nos describe la historia de un carlismo que trato de ser fiel a la fidelidad misma, aún en contra de los numerosos obstáculos que los líderes de la derecha y la jerarquía eclesiástica interpusieron en el camino de un movimiento tradicionalista que en la década de los treinta, con más de 100 años de historia, manifestaba un vigor inusitado considerando las disensiones internas en la que vivía sumido, y considerando el grave problema sucesorio sin resolver (Alfonso Carlos I, moriría en 1936 sin descendencia, y sin haber resuelto de forma clara la cuestión dinástica).
Un día como hoy, 12 de diciembre, pero de 1834, durante la Primera Guerra Carlista se libra la batalla de Mendaza. El general isabelino Fernández de Córdoba vence a Zumalacárregui.
Una vez finalizada la guerra era el momento de reconstruir el carlismo catalán. Durante esos años destacamos su labor en la construcción del mausoleo del cementerio de Montcada i Reixach; la organización del acto en homenaje a don Javier tras su liberación del campo de concentración de Dachau en 1945; la participación del carlismo catalán en las elecciones municipales de 1947; y los «aplecs» de Montserrat. En 1949, por discrepancias con don Javier, es destituido como Jefe Regional de Cataluña. Este hecho no impidió que continuara su labor. Buena prueba de ello son los encarcelamientos que sufrió junto con sus colaboradores por oponerse a Franco. En 1958 se proclamó la Regencia Nacional Carlista de Estella, con la cual se reivindicó la legitimidad carlista, aquella expresada por Carlos VII en su testamento.

Su espíritu luchador queda patente en sus declaraciones durante el «aplec» de Montserrat de 1974. A sus 73 años aún estaba en condiciones de expresar que «Franco es el enemigo número uno del carlismo y de la patria. Concluyendo que era lógico e inevitable debido a sus actividades políticas antes de ser nombrado presidente del Gobierno, y que el que siembra vientos recoge tempestades».

El 10 de diciembre de 1970 moría, tras una larga enfermedad, Asunción Algueró, su compañera y confidente a lo largo de más de cincuenta años. A pesar de sus quehaceres políticos nunca dejó de asistir, los vienes por la noche, con ella, a un espectáculo teatral o al cine.

César Alcalá
Fuente: Diario La Razón
DIOS

1. ¿Cuál es la divisa de la Comunión Tradicionalista?

Dios, Patria y Rey. La escribieron nuestros padres, que constituían la España católica y monárquica.

2. ¿Por qué decís que fue escrita por nuestros padres?

Porque la heredamos de nuestros mayores como rico patrimonio, como Ley fundamental del Reino, como lema glorioso de nuestras banderas, como grito de guerra contra nuestros enemigos.

3. ¿Tiene la sociedad, como el individuo, el deber de dar culto a Dios?

Lo tiene. La sociedad humana fue constituida por Dios, autor de la naturaleza, y de Él emana, como de principio y fuente, toda la copia y perennidad de los bienes en que la sociedad abunda.

4. ¿Qué religión ha de profesar el Estado?

Siendo necesario al Estado profesar una religión, como afirman los grandes Doctores, ha de ser la Católica, Apostólica y Romana, por ser la única verdadera.

5. ¿Puede un tradicionalista ser liberal?

No puede serlo, porque el liberalismo arranca del protestantismo y desciende en línea recta de los réprobos principios de Lutero, siendo uno de los principios a que obedece la negación de Dios en la gobernación de las cosas del mundo. Sin ser liberal se puede, y aún se debe, amar la verdadera libertad, que es hija de Dios.

6. ¿Cómo calificaba Pío IX al liberalismo católico?

De “peste, la más perniciosa, error insidioso y solapado, verdadera calamidad social, pacto entre la justicia y la iniquidad, pérfido enemigo, etc., etc.”.

7. ¿Qué nos impone el deber de ser católicos?

El de profesar abierta y constantemente la doctrina católica y propagarla cada uno según su saber y sus fuerzas, como también el de ser hijos sumisos del Papa y demás autoridades de la Santa Iglesia.

8. ¿Deben los tradicionalistas la Unidad Católica?

Sí. Es nuestro mayor timbre de gloria; y aún políticamente hablando, es el medio más eficaz para que haya unidad y unión en toda España. No por otro motivo, sino por este solo, es tan combatida, y le profesan tanto odio los sectarios y los incrédulos. Esto no obstante, sabemos muy bien que el creer ha de ser obra del entendimiento y de la voluntad por medio de la gracia divina, y que nada debe ser tan voluntario como la religión, la cual, por lo mismo de ser forzada, sería nula. No entienden así la libertad... los liberales, que nos querían hacer laicos a la fuerza.

LEER TODO EL CATECISMO TRADICIONALISTA: PULSE AQUÍ
Por su interés reproducimos integramente el artículo publicado en el blog http://santoreinotradicionalista.blogspot.com/
El diecisiete de julio de 1817, nacía en Andujar Juan de Castro. Las riberas del río Guadalquivir veían así crecer al que andando el tiempo sería un gran músico y un virtuoso de la música sacra. Lamentablemente a día de hoy Juan de Castro es un perfecto desconocido para nuestros contemporáneos e incluso para sus vecinos de Andújar.
Su padre, era músico militar, y de él debió aprender los primeros conocimientos sobre el arte de la música y el solfeo. Además de aprender de su padre y maestro música, también se empaparía del sentimiento tradicionalista. Al destaparse en España el problema dinástico, el padre de Juan de Castro y su hijo optarían por la causa del Rey Carlos, y tras la causa del pretendiente marcharán ambos animando con sus sones militares a los ejércitos carlistas. Al finalizar la contienda con el abrazo de Vergara, ambos se exiliaron a Francia, junto con otros muchos españoles que no aceptaron tan ignominioso final para tan justa causa.
El bagaje militar del joven Juan, le servirá para que andando el tiempo culmine una de sus marchas militares más renombrada y conocida, titulada “Marcha triunfal del Ejército de África”, compuesta en 1860 para las tropas y españolas en África y en especial para el Duque de Tetuán, que tanto se significó en dicha contienda.
Pero la Providencia es infinita, y el destierro forzoso en tierras galas, sirve para que el alma musical de nuestro paisano se cultive y se moldee, aprendiendo y asimilando conocimientos sobre tan magnífico arte. Allí estudiaría historia de la música y crítica del arte, ambas asignaturas principales y de las cuales sacará hondo provecho, pues a su regreso a Madrid le servirán para fundar dos revistas de temática musical de alto nivel, como fueron “España musical, artística y literaria” y el "Diario de Teatros”.
Pero el género musical que más impresionaría la sensible alma musical de Juan de Castro será la música religiosa. Sus convicciones personales en este sagrado tema, le harán que su música gire entorno a ella. Escribirá su tratado “El canto llano, su pasado, su presente, su porvenir”, que escribiría en Roma, ciudad en la que residirá a partir de 1879. Acudirá a numerosos congresos especializados sobre este tema y disertará varios discursos sobre música religiosa. Todo ello en plena madurez artística, donde Juan de Castro se limita a ahondar en tan delicado tema y a pulir sus conocimientos sobre el mismo.
“Manual de Música religiosa”, “Guía del organista y maestro de capilla”, “Atlas de notaciones musicales”, “Historia del género” o “Roma cristiana y Roma artística” serán algunos de los títulos de las obras que nos dejó este prolífico hijo del Andujar en aquella ciudad eterna regada por el Tíber.
Según el historiador marteño Manuel Caballero Venzalá, Juan de Castro sería condecorado por el propio Pío IX, y en los ambientes Vaticanos conocerá al joven músico Isidoro Dolnicky, profesor a la sazón de Liturgia y Canto Greco-Eslavo en el Pontífico Colegio Greco-Ruteno. Según nos comenta el citado autor, este joven influirá sobre manera para que Juan de Castro pusiese su talento al servicio de una causa harto complicada, a saber: componer un “corpus canticorum” que seleccionara lo más valioso del disperso cantoral tradicional de aquellas comunidades del Oriente Greco-Católico.
A esta tarea se dedicará con fruición y con interés en su última etapa vital, fruto de la cual nacerán las obras “Methodus Cantus Ecclesiastici Graeco-Slavici” y “Enchiridion Canticorum eiusdem Ecclesia ab eodem auctore conocinnatum”
D. Manuel Caballero Venzalá, resume así los últimos momentos de la vida de nuestro paisano iliturgitano: “Desde ese momento, Andújar se encuentra artísticamente unida con aquellas antiguas y venerables comunidades cristianas que fundaran en el siglo IX los santos hermanos Cirilo y Metodio. Cuando aquellos pueblos sencillos canten su dolor y su esperanza ante los rutilantes iconos, se hará presente la lejana labor de depuración rítmica, obra de un jiennense que fue capaz de asimilar en su pureza la espiritualidad eslava”Juan de Castro falleció en roma en 1892. Poco se le recuerda en estos tristes días, en los que el peso del “políticamente correcto” obliga a someter al exilio intelectual y al olvido a todos aquellos autores que no sean del agrado de la nueva “Dictadura del Progretariado” que dirá el periodista Pablo Molina
Bibliografía básica : “Semblantes en la Niebla” de Manuel Caballero Venzalá, Jaén, 1993
Por F. Javier de Lizarza

A pesar de la copiosa bibliografía que ha producido la figura del General Zumalacárregui en España y fuera de ella, todavía no se han precisado con exactitud detalles importantes de su biografía, como por ejemplo la fecha en que el Coronel salió de Pamplona para incorporarse a las fuerzas carlistas, el lugar y día de su presentación y cómo fue exactamente su proclamación.

Al morir el Rey Fernando VII, el 29 de septiembre de 1833, Zumalacárregui, que era Coronel de Infantería, se encontraba con licencia en Pamplona, viviendo en la calle del Carmen, hoy núm. 25, de la vieja Pamplona.

Describe así Benjamín Jarnés la salida de Zumalacárregui: “Una de aquellas mañanas triste y algo lluviosa de octubre, ... cruza la Puerta del Carmen y se dirige al Puente Nueva.,”

Alberto Risco pone la salida de Zumalacárregui en el 6 de noviembre: “Por la Puerta del Carmen muy de mañana; tanto que tuvo que esperar a que los guardias abriesen la Puerta de la plaza y alzasen los puentes levadizos”.

Juan Antonio Zaratiegui escribe: “Día fijo no sabemos, aunque sí que fue después del 20 del mes.. -

Francisco de Paula Madrazo dice: Fue “una mañana de octubre”.

C.F. Henningsen: “Consiguió la noche del 29 de octubre escapar de la ciudad, y el 30, reunirse con los rebeldes”

Antonio Pirala señala su salida a fines de octubre, que es la opinión generalmente más adoptada: “Una mañana lluviosa de los últimos días de octubre”. B. Bolaños dio la fecha arbitraria del 21 de octubre. J.J. Peña e Ibáñez sigue a Zaratiegui y escribe: “Una mañana lluviosa de los últimos días de octubre de 1833”.

Como se ve, la opiniones son distintas unas de otras, en cuanto al día de salida.

Es Jaime del Burgo el que llega a una mayor precisión sobre la fecha. Dice así: “La salida de Zumalacárregui y su presentación a las tropas carlistas, debe fijarse entre el 1 y el 2 de noviembre de 1833”. El virrey D. Antonio Solá la anunció como acaecida “hace unos cuatro días”.

También es de parecida opinión Melchor Ferrer, que sitúa la salida también entre el 1 o 2 de noviembre, en razón del anuncio del virrey de Navarra: “Probablemente la mañana del día 2 de noviembre”.

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Estimados lectores:

Un amigo de nuestro blog, móvido por su interés sobre un tipo de monumento conmemorativo que existe en los campos de batalla de la Guerra Civil, allí donde algún Tercio del Requete combatió, las llamadas Cruces de Oración, está intentando encontrar bibliografía o información directa sobre dichos momentos (creación,autoría, promoción...).

Por ello, rogamos a nuestro lectores que si tiene alguna información bibliográfica, conocen algún datos, tienes imágenes de dichas Cruces de Oración, o cualquier otro dato que estimen interesante, nos remitan dicha información al correo: info@circulocarlista.com, o realicen los comentarios que consideren oportunos en esta misma entrada del blog.
Me siento muy honrado en presentar hoy en Pamplona, que “es mi pueblo”, ellibro de mi padre, mi aitacho, que. como leizarra, quería ser llamado. Es un libro distinto sobre la guerra de 1936. En el aluvión de los que cada día se publican, éste, que no es nuevo, es sin embargo una novedad. Ya el título original llama la atención, pues es sugestivo y omnicomprensivo: ‘Navarra fue la primera’. Procede de una vieja canción que recuerda aquellos primeros días de la Cruzada, cuando llegaban a Pamplona los camiones y autobuses de los pueblos cargados de mozos, que pedían fusiles.

Niño yo, recuerdo perfectamente, con esa claridad que la memoria guarda de cosas que quedan grabadas para siempre. aquella canción “Navarra fue la primera ¡Voluntarios, a las armas!... En defensa de la bandera de Dios, la Patria y el Rey”.

El titulo es, pues, acertado, bien significativo del contenido. El libro, aunque no es original, si lo es en cierta manera, pues recoge textos olvidados, inalcanzables, y los une con un hilo conductor único, la explicación de cómo un movimiento militar, en que varias guarniciones se sublevaron contra el caos político, contra el desastre, contra la República, en suma, se convirtió en Navarra precisamente en una Cruzada popular, patriótica y religiosa.

En algunas capitales triunfó la sublevación, en otras —las más importantes fracasó. No hace falta dar nombres, ni recordar razones de por qué allí si y por qué en otros lugares no. Pero precisamente en Pamplona, que fue la última en levantarse, no por falta de ganas, sino porque así lo tenía ordenado “el director” del Alzamiento militar, el General Mola, no por otra razón.

Era la última de las que se levantaron, pero, sin embargo, con el Ejército se sublevó el pueblo, Navarra entera. Los pueblos se volcaron en Pamplona, con los jefes locales del Requeté, con los alcaldes, con sus curas. Los mozos, en mangas de camisa —era julio- y en pantalón de faena. Todos a la Plaza del Castillo, y de allí al cuartel del América o del Sicilia. Aquello era distinto de lo que Mola había pensado y preparado. Y de lo que hasta entonces había ocurrido en Zaragoza, en Burgos, Oviedo o Sevilla. Navarra entera se volcaba sobre Pamplona, con sus párrocos, con las viejas canciones de la carlistada. Y así “cubrió los frentes de combate’.

Pero eso, “Navarra fue la primera”: De ahí la canción y el titulo de este libro que acaba de aparecer. ¡A los 70 años justamente!

Consta de cinco partes, bien distintas, pero perfectamente complementarias. Veamos.

Primero, el libro ya clásico de Antonio Lizarza, mi padre, ‘Memorias de la Conspiración”, que tuvo cinco ediciones, todas agotadas. y que cuenta cómo los carlistas prepararon el Alzamiento, como se organizó el Requeté en Navarra. Cumple con la primera de las preguntas que podrían hacerse: ¿Cómo se preparó el levantamiento?

VER TEXTO INTEGRO EN LA BLIBLIOTECA F. JAVIER DE LIZARZA: PULSE AQUÍ
“Un capitán de marina/ que viene en una fragata/ entre varios sonecitos/ trajo el de La cucaracha”. Así relataba en 1820 el escritor mexicano Joaquín Fernández de Lizardi el arribo al país mejicano de esta pieza que, aunque en méjico se le ha dado “carta de naturalización”, en realidad es de origen español.

“Se cantaba mucho en las Guerras Carlistas españolas (entre 1833 y 1876) y sus coplas, con una letra muy diferente a la que conocemos hoy, aparecen ya publicadas en 1883 en un libro de Francisco Rodríguez. Lo interesante es que el pueblo ha ido adaptando diversas versiones a la misma melodía”, dice Guillermo Zapata.

Fuente: http://www.exonline.com.mx/home
Hace 160 años, en el ámbito de la Segunda Guerra Carlista, la ciudad de Astorga vivió un intento de pronunciamiento, un golpe de fuerza protagonizado por los tradicionalistas, una de las numerosas intentonas que caracterizaron al convulso siglo XIX español. Con tal motivo, el Centro de Estudios Astorganos ‘Marcelo Macías’ (con apoyo del consistorio maragato y el Instituto Leonés de Cultura) publicaba recientemente un estudio firmado por Manuel Jesús Álvarez García y titulado ‘A vueltas con la intentona carlista en Astorga en 1869’.
Astorgano de nacimiento, Álvarez García es un estudioso de todo lo relacionado con el carlismo, término que él explica señalando que fue “un movimiento reactivo que surge en el siglo XIX y que es una respuesta (una de tantas) al liberalismo”; pero ese movimiento tiene claros antecedentes, pues “asume una larga tradición que viene incluso del XVI ó XVII”, e intenta “dar una respuesta al liberalismo para mantener los principios socio políticos que encarna”. De este modo, la figura del pretendiente al trono de España a la muerte de Fernando VII, su hermano el infante Carlos María Isidro, es también un pretexto, afirma Álvarez García, pues “la figura del infante, así como el legitimismo que él y sus partidarios se asignan, es importante para el carlismo, el detonante, pero había un carlismo previo incluso a don Carlos…, y hay un carlismo posterior, ya que el movimiento no es estático, sino que va evolucionando”.

Lo que sí hace la figura del infante Carlos es “aglutinar a los sectores reaccionarios bajo una misma bandera; es decir, el carlismo es legitimismo, pero también muchas otras cosas, por ejemplo la defensa de las tradiciones, la religión, los valores más tradicionales y el Antiguo Régimen”.

La obra de Manuel Álvarez tiene su epicentro en la mencionada intentona, pero también abre el plano y examina y valora la importancia que tuvo el carlismo en toda la provincia, cuya incidencia fue “relativa, pues no tuvo la importancia que en País Vasco, Navarra, Cataluña, Maestrazgo…, pero hablando del resto de la España carlista sí que tuvo significación; no hay que olvidar que en León hay dos obispados (León y Astorga) y todo el clero se sintió muy atacado por todas las reformas propuestas por el liberalismo”. Además, tanto en la capital como en Maragatería hubo “no pocos políticos ligados al carlismo, por lo que se puede decir que tuvo incidencia importante, pero relativa, pues nunca el carlismo fue ideología dominante en la provincia”. El historiador astorgano afirma también que “el campesinado siempre fue un tanto indiferente (en contra de lo que se ha dicho), puesto que el campesino recibió palos de una y otra facción, y nunca fue defendido por ninguna de las dos ideologías”.Sea como sea, el movimiento carlista no pasó en León de “una guerra de guerrillas, puesto que las bases del carlismo nunca penetraron mucho en la población; además, los resortes del poder estuvieron controlados por los liberales en todo momento”. Y añade que “en los años setenta del siglo XIX hubo representación carlista leonesa en las cortes, pero no pasaron del llamado Sexenio Revolucionario”. Y en cuanto a los sectores de población afines al carlismo, explica Álvarez García, “no están determinados, y así se podía encontrar un abogado liberal, progresista y republicano y, a su lado, otro que era ferviente carlista; todo dependía de sus raíces culturales y familiares”. Además, “en León no hubo nunca una batalla, un verdadero combate en campo abierto entre partidarios de uno y otro bando”. Lo que sí hubo fue “partidas, intentonas, golpes que, en muchos casos, llevó a sus protagonistas a hacerse fuertes en las montañas y caminos, desde donde asaltaban carreteras y más tarde ferrocarriles, y en no pocas ocasiones entraban en los pueblos, donde quemaban la Constitución y lanzaban sus proclamas”.Centrándose ya en la ‘Intentona carlista en Astorga en julio de 1869’, Manuel Álvarez explica que, en realidad, “fue un golpe de fuerza en una coyuntura muy precisa, con origen en Francia, donde estaban los dirigentes carlistas que plantean las sublevaciones, de modo que en Astorga se plantea una de estas”.
Los protagonistas del pronunciamiento fueron “principalmente religiosos, aunque también hubo algún militar y ex militar, que tratan de entrar en el ayuntamiento y deponer a las autoridades, pero en principio no proclamando a Carlos VII (descendiente directo de Carlos María Isidro) rey de España”. Fuera como fuese, la intentona fracasó, sobre todo porque “algunos carlistas advierten a las autoridades de lo que iba a pasar, puesto que lo que estos no quieren es que se produzca derramamiento de sangre”. Las autoridades liberales reaccionan y defienden el ayuntamiento y luego toman la Catedral, “ya que así impiden que sonase la campana de la Seo, que iba a anunciar el comienzo de la sublevación; además, las fuerzas carlistas procedentes de otras poblaciones que se aglutinan a la entrada de la ciudad retrasan la intentona al no terminar de decidirse, con lo que se da tiempo a que lleguen tropas liberales de Valladolid que acaban rápidamente con el intento”. Además, “el obispo, curiosamente, no alentó la tentativa”.

El suceso más importante, afirma Álvarez García se produce “en Val de San Lorenzo, donde los carlistas se encuentran la resistencia de las autoridades liberales, produciéndose la muerte del alcalde de la localidad; por eso hay allí una cruz que recuerda el hecho”.La cosa termina, como no podía ser de otro modo, con la detención de los carlistas, que “no serían más allá de 300 hombres, al mando de los cuales estaba un presbítero llamado Cosgaya, cuya partida es la que protagoniza el enfrentamiento en Val de San Lorenzo; cuando comprueban que la ciudad no se puede tomar huyen al monte, al Bierzo, a la montaña de Riaño”. Pero casi todos fueron detenidos, juzgados y condenados, y “aunque algunos carlistas históricos procesados (el seminario de Astorga se convierte en cárcel) fueron deportadas a las Islas Marianas (antes de que pasaran a ser alemanas), al cabo de poco tiempo, apenas nueve meses después, muchos de los presbíteros que tomaron parte en la intentona ya fueron vistos en las calles de Astorga”. Esto se explica porque “en ese corto período de tiempo hubo muchos cambios de gobierno, por lo que era bastante típico promulgar indultos, lo que propició muchos regresos, aunque otros se quedaron en el exilio”. Lo que sí ocurrió en Astorga en 1870 fue que “los dirigentes carlistas en Suiza deciden presentarse a las elecciones tratando de llegar al poder sin recurrir a la violencia, lo que propicia la creación en la ciudad de una junta carlista cuyos integrantes eran bien conocidos, como el Conde de Canda-Argüelles; y curiosamente el partido carlista gana en la ciudad, pero no en el partido judicial”.
Otro de los epígrafes en los que se detiene la obra de Manuel Jesús Álvarez es el del enfrentamiento clericalismo-anticlericalismo, algo omnipresente en España a lo largo de todo el siglo XIX; acerca de ello, el autor comenta que “sobre esto hay fuentes tan importantes como el Boletín Oficial del Obispado de Astorga (que es el primer ‘periódico’ de León), donde hay una información muy rica sobre la religión, sobre actuaciones del obispo, sobre los debates sobre si el Estado ha de ser laico o no; en el año 1869, cuando se está confeccionando la Constitución, hay unas controversias muy encendidas e incluso también se habla de una presumible desamortización (no ya de edificios, pero sí de libros, joyas…); lo que yo he hecho ha sido recopilar toda esa información y contrastarla con comunicaciones del obispo con los sacerdotes en referencia al hecho de que estos tenían que jurar la Constitución si querían cobrar alguna remuneración del Estado, lo que genera la controversia, ya que hay muchos clérigos que se niegan a jurar”.
Fuente: La crónica de León (www.la-cronica.net)
Ilustración: Ángel San Román, uniformado de voluntario carlista
El Gobierno Foral de Navarra, ha impulsado la creación de La Ruta del Carlismo. Dicha Ruta pretende mostrar al visitante los escenarios de enfrentamientos y de encuentros entre liberales y carlistas durante el siglo XIX, localidades navarras situadas principalmente en el norte y en la zona media de la comunidad donde se fraguaron conspiraciones, negociaciones, enfrentamientos y entrenamientos militares. Principales escenarios del Carlismo en Navarra:

•Estella/Lizarra, la capital del Carlismo durante años e importante plaza militar. Ya en la primera guerra se establece en ella la corte y durante la tercera guerra su posesión es un objetivo prioritario para ambos bandos. Por sus calles desfilan los seguidores carlistas y los propios aspirantes al trono Carlos V y Carlos VII. - Los Llanos, centro de entrenamiento carlista: sitio de obligada parada y entrenamiento del ejército carlista, además de ser el lugar en el que Tomás de Zumalacárregui es nombrado comandante general de Navarra en 1833. - Convento de Santa Clara: desde donde los carlistas bombardean a los liberales, refugiados en el convento de San Francisco en agosto de 1873. - Convento de San Francisco: el actual ayuntamiento fue utilizado como fuerte defensor de la ciudad entre el 18 y el 24 de agosto de 1873. - El Puy: Maroto ordena el fusilamiento en el Puy de los generales carlistas contrarios al pacto de Vergara (1839).

•Monasterio de Irache en Ayegui: acoge el principal hospital del Carlismo, donde se acuerda entre ambos bandos ofrecer un trato más humanitario en las contiendas.

•Montejurra: en este escarpado monte tuvo lugar la mítica batalla de Montejurra entre las tropas republicanas del general Moriones y los carlistas del brigadier Ollo. Tres días de duros combates bajo la lluvia terminaron con la victoria carlista. Este enclave es escenario anual de una romería en mayo organizada por los carlistas como homenaje a las madres navarras.

•Elizondo: su situación fronteriza le convierte en lugar de paso obligado tanto para la entrada como para la salida de tropas. Además, sirvió de refugio a los carlistas cuando eran perseguidos por los liberales. Elizondo se convierte en testigo, el 10 de julio de 1834, del encuentro entre el pretendiente al trono carlista, Carlos V y Tomás de Zumalacárregui, general que dirige a los carlistas durante la mayor parte de la primera contienda.

•Lácar, donde Alfonso XII pudo caer prisionero: el 3 de febrero de 1875 las tropas liberales avanzan hacia Estella. El rey Alfonso XII marcha en la retaguardia. Pero un alto en el camino en Lácar, antes de la conquista final, se convierte en un infierno con el asalto por sorpresa de los carlistas, que casi termina con el rey como prisionero.

•Altsasu/Alsásua, testigo de innumerables batallas: las zonas de la Barranca y la Burunda, son áreas estratégicas y lugar de paso hacia Pamplona y Estella. El 22 de abril de 1834 Altsasu/Alsasua asiste a una de las primeras acciones de importancia entre los carlistas liderados por Zumalacárregui y los liberales de Quesada, en la que son derrotados los liberales.

•Puente la Reina, lugar de paso hacia la conquista de Pamplona por lo que son numerosas las batallas aquí celebradas. Localidad bajo el dominio liberal cuando en julio de 1835 los carlistas inician su asedio. Los liberales al verse acorralados inician la salida del sitio y consiguen matar por sorpresa a los artilleros carlistas que la cañonean, lo que supone que estos últimos tengan que retirarse.

•Abárzuza, en 1834 es el escenario de una batalla entre liberales y carlistas. La ermita de Santa Bárbara es testigo del enfrentamiento que termina con la victoria del ejército liberal.

•Bera/Vera de Bidasoa, el 2 de mayo de 1872 el pretendiente Carlos VII encabeza los primeros pasos de la tercera guerra carlista. Ese día entra en Bera/Vera de Bidasoa, desde donde lanza manifiestos al ejército y a la nación. Hay entusiasmo de los carlistas allí concentrados, campanas y un Te Deum en la iglesia.

•Zugarramurdi: el 16 de julio de 1873 Carlos VII entra en España por segunda vez atravesando la localidad. Es el día de la Virgen del Carmen y acude a misa, pasa algunas horas en el pueblo y sube a Peña Plata.

•Etxalar: el 19 de febrero de 1876 tiene lugar, en las palomeras de Etxalar, una de las últimas batallas de la tercera guerra carlista. Tras siete horas de combate, los carlistas se retiran y los liberales ocupan Bera/Vera de Bidasoa.

•Orokieta/Erbiti: el 4 de mayo de 1872 los liberales atacan en Oroquieta a las tropas carlistas. Está con ellas Carlos VII, que aunque se refugia en la casa del cura, tiene que huir ante el peligro de ser capturado. Aquí interviene por primera vez la Cruz Roja en España y uno de sus fundadores, el médico pamplonés Nicasio Landa.

•Etxauri: el 23 de julio de 1873 la tercera guerra carlista está en marcha. Carlos VII celebra en Etxauri un consejo militar con sus generales. En él se organiza el asalto a la localidad de Ibero, convirtiéndose en la primera población que se toma en esta campaña.

•Mendigorría: en julio de 1835 los carlistas, tras fracasar en la toma de Puente la Reina, intentan sitiar Mendigorría. Tras una importante batalla los liberales vencen a los carlistas.

•Arróniz: el 6 de marzo de 1834 tienen lugar los enfrentamientos de Arróniz. Intensos combates terminaron con numerosas bajas en ambas partes.


Mas información en : http://www.turismo.navarra.es/

“LOS CARLISTAS, SOLDADOS, NIETOS, BIZNIETOS DE SOLDADOS, NO VEN ENEMIGOS MAS QUE EN EL CAMPO DE BATALLA. POR CONSIGUIENTE, NINGÚN MOVILIZADO, VOLUNTARIO, NI AFILIADO A NUESTRA COMUNION, DEBE EJERCER ACTO DE VIOLENCIA, Y SÍ EVITAR QUE SE COMETAN EN SU PRESENCIA. PARA NOSOTROS NO EXISTEN MAS ACTOS DE REPRESALIA QUE LOS QUE LA AUTORIDAD MILITAR, SIEMPRE JUSTA Y PRUDENTE, SE CREA EN EL DEBER DE ORDENAR

Pamplona, 24 de julio de 1936

El Jefe regional, Joaquín Baleztena”
Ha fallecido en la madrugada del 17 al 18 de septiembre a los 96 años de edad nuestro querido correligionario Eloy Landaluce Montalbán, excombatiene y colaborador de la Comunión Tradicionalista Carlista. Autor de varias novelas, publicó hasta sus últimos días el boletín carlista "Lealtad".

El funeral será el 24 de septiembre, a las 20:30 h, en la Parroquia de San Juan Bautista. El entierro se ofició el sábado, 19 de septiembre, en Orduña.

Más información: http://www.carlistas.org
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¡Ay del pueblo que olvida su pasado y a ignorar su prosapia se condena! ¡Ay del que rompe la fatal cadena que el ayer al mañana tiene atado!

Centenario Carlos VII

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