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Desde el día 01/04/2010 este Blog continuará en la dirección www.circulocarlista.com. Ya estamos trabajando en el traspaso de todos sus contenidos. Desde hoy, la edición digital del Boletín Carlista de Madrid, se encargará de mantener informados a todos los carlistas.
Mostrando entradas con la etiqueta El carlismo en la prensa. Mostrar todas las entradas
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Entre 1835 y 1840, durante la Primera Guerra Carlista, se produjo en Gipuzkoa un hecho artístico singular, una concentración no del todo explicada e irrepetible de militares ilustradores. Siete soldados británicos diestros con los lápices y las acuarelas coincidieron entonces en nuestro convulso territorio, reflejando en sus dibujos hechos históricos, pero sobre todo paisajes e imágenes de la vida cotidiana en aquel tiempo.
Una muestra de su testimonio visual puede verse desde hoy en la Ganbara del centro cultural Koldo Mitxelena. La exposición 'Basque Sketches, ilustradores militares británicos en la Primera Guerra Carlista' muestra hasta el 30 de abril 91 láminas originales y tres libros, pertenecientes a los fondos de la Diputación Foral de Gipuzkoa, y que hasta ahora se encontraban entre el Museo Zumalakarregi de Ormaiztegi y los archivos del Koldo Mitxelena.
Mikel Alberdi, director del Museo Zumalakarregi, comentaba ayer en la presentación de la muestra que «no conocemos otra concentración de ilustradores en otro momento de la historia de Euskal Herria como la registrada en Gipuzkoa durante la Primera Guerra Carlista».
De los siete militares británicos cuya obra se ha reunido ahora no se sabe demasiado. «Tenían buena mano. Parece que en las escuelas militares británicas les insistían en la formación pictórica». Sin embargo, aunque en algunos casos pueda pesar la ilustración como elemento meramente informativo y hasta de espionaje en unos tiempos en que la fotografía aún no sea había popularizado, el perfil de los soldados ilustradores parece ser el de militares al uso que en sus ratos libres dibujaban o pintaban por afición. «La mayor parte de sus cuadernos están llenos de paisajes sin sentido militar, realizados por placer», apunta Alberdi.
La Legión Británica
De los siete artistas cuyos dibujos llaman la atención ahora tras las vitrinas del KM, seis formaron parte de la Legión Auxiliar Británica, Richards Lyde Hornbrook y su hijo Thomas, el médico Henry Wilkinson, el mayor Charles Van Zeller, Sydney Crocker y Bligh Barker. La Legión Británica era un cuerpo de voluntarios que desde el verano de 1835 acudió en apoyo del bando liberal. Estuvo en San Sebastián y Vitoria y tuvo su mayor éxito en Irun y su mayor fracaso en la batalla de Oriamendi. Pese a lo numeroso de sus componentes (10.000 hombres, de los que fallecieron una cuarta parte, muchos de ellos por enfermedad) no parece que su intervención fuera decisiva en la Primera Guerra Carlista.
Decíamos que seis de los siete ilustradores lucharon en el bando liberal desde la Legión Británica. El séptimo, el escocés Charles Frederick Henningsen, protagonizó una peripecia más curiosa. Con 19 años de presentó voluntario ante los carlistas y se incorporó a la caballería de Zumalacárregui. Henningsen pasa por ser el primer biógrafo del general carlista, a través del libro que escribió, 'Doce meses con Zumalacárregui'.
Hasta fecha reciente se desconocía su faceta pictórica. Sus acuarelas que podemos ver en el Koldo Mitxelena , con un toque algo naif y mucho interés por los uniformes, tienen el valor añadido de retratar a Zumalacárregui en vida, mientras que la mayor parte de los retratos del general se pintaron con él ya muerto y por artistas que no le habían conocido.
Después de las Guerras Carlistas, Charles F. Henningsen proseguiría su azarosa vida participando en otras contiendas, siempre desde el lado perdedor, incluido el levantamiento de los húngaros contra Austria en 1849 y la Guerra de Secesión estadounidense, que vivió desde el bando sudista.
Hace 170 años
Los bocetos, apuntes, dibujos, acuarelas y litografías de la exposición comisariada por Mayi Setién permiten realizar un viaje a la Gipuzkoa de hace 170 años. Aunque estos militares artistas también plasmaron paisajes de Andoain, tolosa, Bergara u Hondarribia tras la Primera Guerra Carlista, el grueso de la colección foral muestra imágenes situadas en el área en el que se movió la Legión Británica: San Sebastián, Pasajes, Hernani e Irun.
'Basque Sketches, ilustradores militares británicos en la Primera Guerra Carlista' permite ver al espectador espacios poco conocidos, como el fuerte de Lord John Hay que construyeron los británicos en Jaizkibel, o descubrir un lugar que ya no existe, el donostiarra convento de San Francisco, situado en los terrenos sobre los que ahora se encuentra en polideportivo Zuhaizti, que dibujó Richard Hornbrook.
Fuente: Diario Vasco 02.03.10
Una muestra de su testimonio visual puede verse desde hoy en la Ganbara del centro cultural Koldo Mitxelena. La exposición 'Basque Sketches, ilustradores militares británicos en la Primera Guerra Carlista' muestra hasta el 30 de abril 91 láminas originales y tres libros, pertenecientes a los fondos de la Diputación Foral de Gipuzkoa, y que hasta ahora se encontraban entre el Museo Zumalakarregi de Ormaiztegi y los archivos del Koldo Mitxelena.
Mikel Alberdi, director del Museo Zumalakarregi, comentaba ayer en la presentación de la muestra que «no conocemos otra concentración de ilustradores en otro momento de la historia de Euskal Herria como la registrada en Gipuzkoa durante la Primera Guerra Carlista».
De los siete militares británicos cuya obra se ha reunido ahora no se sabe demasiado. «Tenían buena mano. Parece que en las escuelas militares británicas les insistían en la formación pictórica». Sin embargo, aunque en algunos casos pueda pesar la ilustración como elemento meramente informativo y hasta de espionaje en unos tiempos en que la fotografía aún no sea había popularizado, el perfil de los soldados ilustradores parece ser el de militares al uso que en sus ratos libres dibujaban o pintaban por afición. «La mayor parte de sus cuadernos están llenos de paisajes sin sentido militar, realizados por placer», apunta Alberdi.
La Legión Británica
De los siete artistas cuyos dibujos llaman la atención ahora tras las vitrinas del KM, seis formaron parte de la Legión Auxiliar Británica, Richards Lyde Hornbrook y su hijo Thomas, el médico Henry Wilkinson, el mayor Charles Van Zeller, Sydney Crocker y Bligh Barker. La Legión Británica era un cuerpo de voluntarios que desde el verano de 1835 acudió en apoyo del bando liberal. Estuvo en San Sebastián y Vitoria y tuvo su mayor éxito en Irun y su mayor fracaso en la batalla de Oriamendi. Pese a lo numeroso de sus componentes (10.000 hombres, de los que fallecieron una cuarta parte, muchos de ellos por enfermedad) no parece que su intervención fuera decisiva en la Primera Guerra Carlista.
Decíamos que seis de los siete ilustradores lucharon en el bando liberal desde la Legión Británica. El séptimo, el escocés Charles Frederick Henningsen, protagonizó una peripecia más curiosa. Con 19 años de presentó voluntario ante los carlistas y se incorporó a la caballería de Zumalacárregui. Henningsen pasa por ser el primer biógrafo del general carlista, a través del libro que escribió, 'Doce meses con Zumalacárregui'.
Hasta fecha reciente se desconocía su faceta pictórica. Sus acuarelas que podemos ver en el Koldo Mitxelena , con un toque algo naif y mucho interés por los uniformes, tienen el valor añadido de retratar a Zumalacárregui en vida, mientras que la mayor parte de los retratos del general se pintaron con él ya muerto y por artistas que no le habían conocido.
Después de las Guerras Carlistas, Charles F. Henningsen proseguiría su azarosa vida participando en otras contiendas, siempre desde el lado perdedor, incluido el levantamiento de los húngaros contra Austria en 1849 y la Guerra de Secesión estadounidense, que vivió desde el bando sudista.
Hace 170 años
Los bocetos, apuntes, dibujos, acuarelas y litografías de la exposición comisariada por Mayi Setién permiten realizar un viaje a la Gipuzkoa de hace 170 años. Aunque estos militares artistas también plasmaron paisajes de Andoain, tolosa, Bergara u Hondarribia tras la Primera Guerra Carlista, el grueso de la colección foral muestra imágenes situadas en el área en el que se movió la Legión Británica: San Sebastián, Pasajes, Hernani e Irun.
'Basque Sketches, ilustradores militares británicos en la Primera Guerra Carlista' permite ver al espectador espacios poco conocidos, como el fuerte de Lord John Hay que construyeron los británicos en Jaizkibel, o descubrir un lugar que ya no existe, el donostiarra convento de San Francisco, situado en los terrenos sobre los que ahora se encuentra en polideportivo Zuhaizti, que dibujó Richard Hornbrook.
Fuente: Diario Vasco 02.03.10
La escritora albaceteña María Jesús Ortiz acaba de presentar su nuevo libro 'La verdadera historia (si es que alguna historia es verdadera) de Ramón García Montes, Roche. De coronel carlista, a bandido forzado, en tierras de Alicante, Albacete y Murcia'. Se trata de un interesante trabajo de investigación sobre la figura de Roche, muy conocido por los entornos murcianos y albaceteños como bandido envuelto en el aura de la leyenda, y que cobra presencia en el libro como el militar carlista que fue y cuyo expediente, hasta ahora inédito, muestra esta otra faceta de su persona.
Roche fue un bandido que recorrió la zona de Alicante, Murcia y la Sierra de Albacete; «en una referencia de prensa que encontramos en 1.997 se comenta que era un coronel carlista, y a partir de ese momento, empezamos a indagar para poder llegar a su currículum militar», indicó la escritora.
Los municipios albaceteños de Fuenteálamo y Montealegre del Castillo son los pueblos con los que se le vincula familiarmente. Además, en el libro, prologado por Victorino Polo (biznieto de Roche y a su vez profesor de Ortiz), su autora ha completado la biografía de Roche con las noticias que sobre él aparecieron en los periódicos de su época.
Fuente: Laverdad.es 26/02/2010
Roche fue un bandido que recorrió la zona de Alicante, Murcia y la Sierra de Albacete; «en una referencia de prensa que encontramos en 1.997 se comenta que era un coronel carlista, y a partir de ese momento, empezamos a indagar para poder llegar a su currículum militar», indicó la escritora.
Los municipios albaceteños de Fuenteálamo y Montealegre del Castillo son los pueblos con los que se le vincula familiarmente. Además, en el libro, prologado por Victorino Polo (biznieto de Roche y a su vez profesor de Ortiz), su autora ha completado la biografía de Roche con las noticias que sobre él aparecieron en los periódicos de su época.
Fuente: Laverdad.es 26/02/2010
La fracasada revolución socialista de octubre de 1934 en Mondragón, de cuyo estallido se cumplían 75 años el pasado día 5, dejó a su término cuatro cadáveres y una conmoción social que sólo se vería superada por la cruenta represión franquista desatada dos años más tarde durante la Guerra Civil.
El aniversario de la frustrada revolución social de 1934 ha servido para recordar una vez más el reguero de sangre que dejaron aquellos trágicos sucesos que costaron al vida a Marcelino Oreja Elósegui, Dagoberto Resusta, Eugenio Edurra y Segundo Vitoria.
Pero también ha comportado la ocasión inédita de escuchar el relato de los hechos d
e boca del hijo de la principal víctima de la fallida insurrección socialista.
En circunstancias normales, el conocido político conservador Marcelino Oreja Aguirre (Madrid, 1935) habría nacido en Mondragón, concretamente en la casa de Toribio Aguirre, un 13 de febrero de 1935, entre los algodones de su privilegiada condición de hijo del presidente de la todopoderosa Unión Cerrajera. Pero la tentativa revolucionaria de 1934 irrumpió en la tranquila vida de esta acomodada familia mondragonesa, llevándose por delante al padre y poniendo en fuga a la joven esposa embarazada y a su padre, el legendario «gran capitán» de la Cerrajera Toribio Agirre. Este, que a su retiro en 1931 había traspasado la presidencia de la empresa a su yerno Marcelino Oreja Elósegui, un ingeniero natural de Ibarrangelua católico y conservador, se establecería junto con su hija viuda en Madrid y nunca más regresarían a Mondragón.
Conferencia
Los Antecedentes de la Revolución de Octubre de 1934 y su repercusión en el País Vasco fue el tema de la conferencia que pronunció Marcelino Oreja Aguirre en la Universidad San Pablo-CEU de Madrid el pasado día 5. En ella, el hijo póstumo de Oreja Elósegui narraba en público por primera vez los hechos que rodearon al asesinato de su padre en la Casa del Pueblo de Mondragón. Tampoco elude este delicado asunto en la entrevista que ha concedido a Eusko Ikaskuntza y que se ha publicado en el número 505 de la revista digital Euskonews.com.
Oreja Aguirre atribuye el estallido revolucionario registrado en Arrasate a las características propias de una villa industrial sumida en una grave conflictividad laboral como consecuencia de la crisis de 1929, en la que hay una fuerte implantación socialista y en donde sobresale un líder carismático: Celestino Uriarte.
Pese a todo, Oreja Aguirre no deja entrever ni la más mínima animadversión ni guarda el más leve rencor contra los revolucionarios que asesinaron a su padre.
De hecho, incluso habla con respeto, cuando no con un punto de admiración, de la labor de las Escuelas de Viteri, cuya actividad docente contribuyó a fomentar la conciencia política y social y el laicismo en la juventud arrasatearra. Respalda sus palabras recordando que su propio abuelo Toribio Aguirre, a la sazón presidente de la Cerrajera, fue uno de los que se opuso a las pretensiones del Ayuntamiento de poner dichas escuelas bajo la tutela de la Iglesia. Y eso que Toribio había sido teniente en las filas carlistas durante la última carlistada.
En la entrevista concedida al gerente de Eusko Ikaskuntza, el escritor mondragonés Jose Mari Velez de Mendizabal, Oreja Aguirre revela que conserva desde niño el crucifijo que presidió el despacho de su padre en Mondragón. En su parte trasera «se lee un versículo de San Lucas que mandó grabar mi padre: 'empero vosotros, amad a nuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperanza de esperar nada de ello'. Es algo que ha sido para mi el norte de mi vida. El amar a los enemigos. Me parece algo muy hermoso. Y mi padre amó a sus enemigos. Pero acabó como acabó».
A juicio de Oreja Aguirre, la única víctima que realmente buscaban los revolucionarios era su padre. Oreja Elósegui encarnaba al gran patrón que «tiene al pueblo muerto de hambre», como le espetaría uno de los revolucionarios que le dispararon, y era un diputado católico y de derechas. Contra Ricardo Azcoaga y Dagoberto Resusta, jefe de administración y consejero de la Cerrajera respectivamente, no tenían nada. A Resusta lo encerraron por su insistencia en liberar a su yerno, detenido horas antes por los socialistas.
Con respecto a su padre, Oreja Aguirre cuenta que fueron a detenerle a las 8.00 horas. Preguntados qué querían, los revolucionarios respondieron en euskara «que baje el amo». Hacia las 14.00 horas cunde el pánico al avistarse tropas procedentes de Vitoria. Los revolucionarios emprenden la huida hacia Kanpanzar. «Pero en ese momento hay uno, que no sé el nombre ni me interesa, al que llamaban «el fanático» (Gerardo Ruiz de la Cuesta), que le pregunta a Celestino: '¿y qué hacemos con estos?. Yo me quedo con ellos'. Uriarte le contesta: 'llévatelos'. Con el alcance que quiera tener esa palabra». «'El fanático' los condujo a un huerto trasero y les dijo que subieran la cerca. El primero que lo hizo fue Azcoaga. Éste intentó ayudar a mi padre, pero entonces descargaron sobre él cinco tiros y le dejaron herido de muerte, y mataron acto seguido a Resusta».
Fuente: Diario Vasco 01/11/2009
El aniversario de la frustrada revolución social de 1934 ha servido para recordar una vez más el reguero de sangre que dejaron aquellos trágicos sucesos que costaron al vida a Marcelino Oreja Elósegui, Dagoberto Resusta, Eugenio Edurra y Segundo Vitoria.
Pero también ha comportado la ocasión inédita de escuchar el relato de los hechos d
e boca del hijo de la principal víctima de la fallida insurrección socialista.En circunstancias normales, el conocido político conservador Marcelino Oreja Aguirre (Madrid, 1935) habría nacido en Mondragón, concretamente en la casa de Toribio Aguirre, un 13 de febrero de 1935, entre los algodones de su privilegiada condición de hijo del presidente de la todopoderosa Unión Cerrajera. Pero la tentativa revolucionaria de 1934 irrumpió en la tranquila vida de esta acomodada familia mondragonesa, llevándose por delante al padre y poniendo en fuga a la joven esposa embarazada y a su padre, el legendario «gran capitán» de la Cerrajera Toribio Agirre. Este, que a su retiro en 1931 había traspasado la presidencia de la empresa a su yerno Marcelino Oreja Elósegui, un ingeniero natural de Ibarrangelua católico y conservador, se establecería junto con su hija viuda en Madrid y nunca más regresarían a Mondragón.
Conferencia
Los Antecedentes de la Revolución de Octubre de 1934 y su repercusión en el País Vasco fue el tema de la conferencia que pronunció Marcelino Oreja Aguirre en la Universidad San Pablo-CEU de Madrid el pasado día 5. En ella, el hijo póstumo de Oreja Elósegui narraba en público por primera vez los hechos que rodearon al asesinato de su padre en la Casa del Pueblo de Mondragón. Tampoco elude este delicado asunto en la entrevista que ha concedido a Eusko Ikaskuntza y que se ha publicado en el número 505 de la revista digital Euskonews.com.
Oreja Aguirre atribuye el estallido revolucionario registrado en Arrasate a las características propias de una villa industrial sumida en una grave conflictividad laboral como consecuencia de la crisis de 1929, en la que hay una fuerte implantación socialista y en donde sobresale un líder carismático: Celestino Uriarte.
Pese a todo, Oreja Aguirre no deja entrever ni la más mínima animadversión ni guarda el más leve rencor contra los revolucionarios que asesinaron a su padre.
De hecho, incluso habla con respeto, cuando no con un punto de admiración, de la labor de las Escuelas de Viteri, cuya actividad docente contribuyó a fomentar la conciencia política y social y el laicismo en la juventud arrasatearra. Respalda sus palabras recordando que su propio abuelo Toribio Aguirre, a la sazón presidente de la Cerrajera, fue uno de los que se opuso a las pretensiones del Ayuntamiento de poner dichas escuelas bajo la tutela de la Iglesia. Y eso que Toribio había sido teniente en las filas carlistas durante la última carlistada.
En la entrevista concedida al gerente de Eusko Ikaskuntza, el escritor mondragonés Jose Mari Velez de Mendizabal, Oreja Aguirre revela que conserva desde niño el crucifijo que presidió el despacho de su padre en Mondragón. En su parte trasera «se lee un versículo de San Lucas que mandó grabar mi padre: 'empero vosotros, amad a nuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperanza de esperar nada de ello'. Es algo que ha sido para mi el norte de mi vida. El amar a los enemigos. Me parece algo muy hermoso. Y mi padre amó a sus enemigos. Pero acabó como acabó».
A juicio de Oreja Aguirre, la única víctima que realmente buscaban los revolucionarios era su padre. Oreja Elósegui encarnaba al gran patrón que «tiene al pueblo muerto de hambre», como le espetaría uno de los revolucionarios que le dispararon, y era un diputado católico y de derechas. Contra Ricardo Azcoaga y Dagoberto Resusta, jefe de administración y consejero de la Cerrajera respectivamente, no tenían nada. A Resusta lo encerraron por su insistencia en liberar a su yerno, detenido horas antes por los socialistas.
Con respecto a su padre, Oreja Aguirre cuenta que fueron a detenerle a las 8.00 horas. Preguntados qué querían, los revolucionarios respondieron en euskara «que baje el amo». Hacia las 14.00 horas cunde el pánico al avistarse tropas procedentes de Vitoria. Los revolucionarios emprenden la huida hacia Kanpanzar. «Pero en ese momento hay uno, que no sé el nombre ni me interesa, al que llamaban «el fanático» (Gerardo Ruiz de la Cuesta), que le pregunta a Celestino: '¿y qué hacemos con estos?. Yo me quedo con ellos'. Uriarte le contesta: 'llévatelos'. Con el alcance que quiera tener esa palabra». «'El fanático' los condujo a un huerto trasero y les dijo que subieran la cerca. El primero que lo hizo fue Azcoaga. Éste intentó ayudar a mi padre, pero entonces descargaron sobre él cinco tiros y le dejaron herido de muerte, y mataron acto seguido a Resusta».
Fuente: Diario Vasco 01/11/2009
Manuel Jesús Álvarez García acaba de publicar un estudio sobre ‘La intentona carlista en Astorga de 1869’
Hace 160 años, en el ámbito de la Segunda Guerra Carlista, la ciudad de Astorga vivió un intento de pronunciamiento, un golpe de fuerza protagonizado por los tradicionalistas, una de las numerosas intentonas que caracterizaron al convulso siglo XIX español. Con tal motivo, el Centro de Estudios Astorganos ‘Marcelo Macías’ (con apoyo del consistorio maragato y el Instituto Leonés de Cultura) publicaba recientemente un estudio firmado por Manuel Jesús Álvarez García y titulado ‘A vueltas con la intentona carlista en Astorga en 1869’.Astorgano de nacimiento, Álvarez García es un estudioso de todo lo relacionado con el carlismo, término que él explica señalando que fue “un movimiento reactivo que surge en el siglo XIX y que es una respuesta (una de tantas) al liberalismo”; pero ese movimiento tiene claros antecedentes, pues “asume una larga tradición que viene incluso del XVI ó XVII”, e intenta “dar una respuesta al liberalismo para mantener los principios socio políticos que encarna”. De este modo, la figura del pretendiente al trono de España a la muerte de Fernando VII, su hermano el infante Carlos María Isidro, es también un pretexto, afirma Álvarez García, pues “la figura del infante, así como el legitimismo que él y sus partidarios se asignan, es importante para el carlismo, el detonante, pero había un carlismo previo incluso a don Carlos…, y hay un carlismo posterior, ya que el movimiento no es estático, sino que va evolucionando”.
Lo que sí hace la figura del infante Carlos es “aglutinar a los sectores reaccionarios bajo una misma bandera; es decir, el carlismo es legitimismo, pero también muchas otras cosas, por ejemplo la defensa de las tradiciones, la religión, los valores más tradicionales y el Antiguo Régimen”.
La obra de Manuel Álvarez tiene su epicentro en la mencionada intentona, pero también abre el plano y examina y valora la importancia que tuvo el carlismo en toda la provincia, cuya incidencia fue “relativa, pues no tuvo la importancia que en País Vasco, Navarra, Cataluña, Maestrazgo…, pero hablando del resto de la España carlista sí que tuvo significación; no hay que olvidar que en León hay dos obispados (León y Astorga) y todo el clero se sintió muy atacado por todas las reformas propuestas por el liberalismo”. Además, tanto en la capital como en Maragatería hubo “no pocos políticos ligados al carlismo, por lo que se puede decir que tuvo incidencia importante, pero relativa, pues nunca el carlismo fue ideología dominante en la provincia”. El historiador astorgano afirma también que “el campesinado siempre fue un tanto indiferente (en contra de lo que se ha dicho), puesto que el campesino recibió palos de una y otra facción, y nunca fue defendido por ninguna de las dos ideologías”.Sea como sea, el movimiento carlista no pasó en León de “una guerra de guerrillas, puesto que las bases del carlismo nunca penetraron mucho en la población; además, los resortes del poder estuvieron controlados por los liberales en todo momento”. Y añade que “en los años setenta del siglo XIX hubo representación carlista leonesa en las cortes, pero no pasaron del llamado Sexenio Revolucionario”. Y en cuanto a los sectores de población afines al carlismo, explica Álvarez García, “no están determinados, y así se podía encontrar un abogado liberal, progresista y republicano y, a su lado, otro que era ferviente carlista; todo dependía de sus raíces culturales y familiares”. Además, “en León no hubo nunca una batalla, un verdadero combate en campo abierto entre partidarios de uno y otro bando”. Lo que sí hubo fue “partidas, intentonas, golpes que, en muchos casos, llevó a sus protagonistas a hacerse fuertes en las montañas y caminos, desde donde asaltaban carreteras y más tarde ferrocarriles, y en no pocas ocasiones entraban en los pueblos, donde quemaban la Constitución y lanzaban sus proclamas”.Centrándose ya en la ‘Intentona carlista en Astorga en julio de 1869’, Manuel Álvarez explica que, en realidad, “fue un golpe de fuerza en una coyuntura muy precisa, con origen en Francia, donde estaban los dirigentes carlistas que plantean las sublevaciones, de modo que en Astorga se plantea una de estas”.
Los protagonistas del pronunciamiento fueron “principalmente religiosos, aunque también hubo algún militar y ex militar, que tratan de entrar en el ayuntamiento y deponer a las autoridades, pero en principio no proclamando a Carlos VII (descendiente directo de Carlos María Isidro) rey de España”. Fuera como fuese, la intentona fracasó, sobre todo porque “algunos carlistas advierten a las autoridades de lo que iba a pasar, puesto que lo que estos no quieren es que se produzca derramamiento de sangre”. Las autoridades liberales reaccionan y defienden el ayuntamiento y luego toman la Catedral, “ya que así impiden que sonase la campana de la Seo, que iba a anunciar el comienzo de la sublevación; además, las fuerzas carlistas procedentes de otras poblaciones que se aglutinan a la entrada de la ciudad retrasan la intentona al no terminar de decidirse, con lo que se da tiempo a que lleguen tropas liberales de Valladolid que acaban rápidamente con el intento”. Además, “el obispo, curiosamente, no alentó la tentativa”.
El suceso más importante, afirma Álvarez García se produce “en Val de San Lorenzo, donde los carlistas se encuentran la resistencia de las autoridades liberales, produciéndose la muerte del alcalde de la localidad; por eso hay allí una cruz que recuerda el hecho”.La cosa termina, como no podía ser de otro modo, con la detención de los carlistas, que “no serían más allá de 300 hombres, al mando de los cuales estaba un presbítero llamado Cosgaya, cuya partida es la que protagoniza el enfrentamiento en Val de San Lorenzo; cuando comprueban que la ciudad no se puede tomar huyen al monte, al Bierzo, a la montaña de Riaño”. Pero casi todos fueron detenidos, juzgados y condenados, y “aunque algunos carlistas históricos procesados (el seminario de Astorga se convierte en cárcel) fueron deportadas a las Islas Marianas (antes de que pasaran a ser alemanas), al cabo de poco tiempo, apenas nueve meses después, muchos de los presbíteros que tomaron parte en la intentona ya fueron vistos en las calles de Astorga”. Esto se explica porque “en ese corto período de tiempo hubo muchos cambios de gobierno, por lo que era bastante típico promulgar indultos, lo que propició muchos regresos, aunque otros se quedaron en el exilio”. Lo que sí ocurrió en Astorga en 1870 fue que “los dirigentes carlistas en Suiza deciden presentarse a las elecciones tratando de llegar al poder sin recurrir a la violencia, lo que propicia la creación en la ciudad de una junta carlista cuyos integrantes eran bien conocidos, como el Conde de Canda-Argüelles; y curiosamente el partido carlista gana en la ciudad, pero no en el partido judicial”.
Otro de los epígrafes en los que se detiene la obra de Manuel Jesús Álvarez es el del enfrentamiento clericalismo-anticlericalismo, algo omnipresente en España a lo largo de todo el siglo XIX; acerca de ello, el autor comenta que “sobre esto hay fuentes tan importantes como el Boletín Oficial del Obispado de Astorga (que es el primer ‘periódico’ de León), donde hay una información muy rica sobre la religión, sobre actuaciones del obispo, sobre los debates sobre si el Estado ha de ser laico o no; en el año 1869, cuando se está confeccionando la Constitución, hay unas controversias muy encendidas e incluso también se habla de una presumible desamortización (no ya de edificios, pero sí de libros, joyas…); lo que yo he hecho ha sido recopilar toda esa información y contrastarla con comunicaciones del obispo con los sacerdotes en referencia al hecho de que estos tenían que jurar la Constitución si querían cobrar alguna remuneración del Estado, lo que genera la controversia, ya que hay muchos clérigos que se niegan a jurar”.
Fuente: La crónica de León (www.la-cronica.net)
Ilustración: Ángel San Román, uniformado de voluntario carlista
La historia de España en el último siglo ha sido extraordinariamente convulsa. Entre 1872 y 1876, durante la Tercera Guerra Carlista, se enfrentaron en guerra dos Españas, en una de las cuales se sucedieron de forma vertiginosa Amadeo I, la Primera República y Alfonso XII. Al frente de la otra España se encontraba un rey de cuya muerte se cumplirán 100 años el 18 de julio. Un rey estrechamente vinculado a Navarra, al punto que llegó a instalar su corte en Estella.Una Guerra Civil sin memoria histórica.
La Guerra Civil de 1936 se ha convertido en “la” Guerra Civil. Hasta ahí llega solamente la memoria histórica. Sin embargo, curiosamente el 18 de julio es también una fecha históricamente significativa porque se cumplirán 100 años desde la muerte de Carlos VII. Dicho aniversario nos retrotrae a la Tercera Guerra Carlista y a una época convulsa que, a su vez, explica parcialmente algunas de las convulsiones históricas posteriores.
España en el caos.
Carlos VII Fue proclamado rey por el legitimismo carlista en 1868. En 1969 protagonizó lo que ahora denominaríamos como una gran operación de marketing, llamativa para la época, en la que se repartieron más de 50.000 folletos con las fotografías de Carlos VII y su esposa Doña Margarita de Parma. Muchos de esos folletos decoraron miles de hogares navarros durante décadas, e incluso hoy en día pueden encontrarse en algunas casas. Ese mismo año tuvo lugar la adhesión a la causa de Carlos VII del célebre novelista Navarro Villoslada, autor de Amaya y los vascos en el siglo VIII. El célebre novelista navarro llegó a ser su secretario. La persona de Carlos VII generó grandes expectativas entre los carlistas y muchos católicos, que lo vieron como una alternativa frente a la decadente y desprestigiada corte de Isabel II (entonces desterrada en Paris), y al caos instaurado tras la Revolución de 1868 (la “gloriosa”). Un caos que acabaría en la desesperada búsqueda por toda Europa de un rey alternativo a Carlos VII. El trono recayó finalmente sobre la persona de Amadeo I de Saboya.
La Tercera Guerra Carlista.
En este contexto es en el que había estallado la Tercera Guerra Carlista. Carlos VII se había proclamado Rey de España y, efectivamente, reinaba sobre buena parte del país, tenía su propio ejército, dictaba leyes, acuñaba moneda e incluso puso en marcha un eficaz servicio de correos. Es durante esta guerra, entre 1872 y 1876, cuando Carlos VII instala su corte en Estella. Allí vivió con su esposa e hijos, un hecho que por ejemplo quedó reflejado por Valle Inclán en su trilogía carlista. Aún existe en esta localidad navarra una calle con su nombre y está prevista la inauguración de un museo carlista. La guerra se prolonga durante cuatro años y en ese tiempo Carlos VII ve cómo a Amadeo I le sucede la Primera República, y a ésta posteriormente Alfonso XII. Con Alfonso XII, sin embargo, el bando liberal consigue encontrar una cierta estabilidad y la guerra va decantándose a su favor. Estella cae y Carlos VII cruza la frontera el 28 de febrero de 1876. Simultáneamente, el propio Alfonso XII hace su entrada en Pamplona. Carlos VII nació en el destierro en 1848 y, de esta manera, vuelve al destierro en el que muere en julio de 1909. Era nieto del primer rey carlista Carlos Maria Isidro (Carlos V) .
Carlos VII está enterrado junto al resto de su familia en la ciudad italiana de Trieste, en la capilla de san Carlos Borromeo, ubicada en el interior de la catedral de San Justo. En su tumba puede leerse la inscripcion “Carolus VII Hispaniarum Rex Avitate Fidei et Patriae Devotus heic quiescit invicta christiani regisque fortitudine augusto munere perfunctus (aqui esperan la resurección de la carne ,los restos del hombre que polarizó el entusiasmo y la fe de miles de españoles con la esperanza de librar de sus males a la patria España). El 18 de julio se cumplen 100 años.
Fuente: navarraconfidencia.com en su edicion de 3 de Julio de 2009
Mariano José de Larra centra el foco de atención de los cursos de verano de La Granda desde hoy y hasta el próximo viernes. Sabino Fernández Campo dirige el curso «En torno a Mariano José de Larra», que en un total de catorce ponencias hará un recorrido a través del personaje de Larra como escritor y como periodista, además de analizar el entorno en el que vivió y las ideas que dejó en sus escritos.
Expertos de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas como el propio Fernández Campo, Carmelo Lisón, Marcelino Oreja y Fernando Suárez, profesores de la Universidad de Oviedo como Amelia Valcárcel y José María Cachero, de la Universidad Complutense de Madrid como Emilio de Diego, el ex ministro José Manuel Otero Novas, el político José Miguel Ortí Bordás, el jurista Pedro Crespo, el médico Pedro Sabando, el empresario Francisco Rodríguez y el abad de Covadonga, Juan José Tuñón, serán los encargados de ofrecer las conferencias «En el bicentenario del nacimiento de Mariano José de Larra», «Génesis e ideas del Romanticismo europeo», «Larra periodista», «El extraño costumbrismo de Larra», «La idea de España en Larra», «La novela histórica de Larra», «La agonía del antiguo régimen, telón de fondo de Larra», «Larra y el carlismo», «Larra: el impacto de la Guerra de la Independencia en la primera mitad del siglo XIX», «Larra y la crítica a su tiempo», «La España que Larra no vio y no quiso ver», «Larra, Europa y la cuestión social», «Los afrancesados y la economía española en tiempos de Larra» y «Efectos de la desamortización de Mendizábal en Asturias».
Asimismo, en el edificio de Servicios Universitarios, se desarrollará el curso «Proyecciones jurídicas: el derecho a través del cine», que tratará el estudio de problemas típicamente jurídicos, como la eutanasia, los derechos humanos, la autodeterminación y la responsabilidad civil, utilizando recursos cinematográficos como herramienta pedagógica.
Fuente: lne.es del 27/07/2009
Expertos de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas como el propio Fernández Campo, Carmelo Lisón, Marcelino Oreja y Fernando Suárez, profesores de la Universidad de Oviedo como Amelia Valcárcel y José María Cachero, de la Universidad Complutense de Madrid como Emilio de Diego, el ex ministro José Manuel Otero Novas, el político José Miguel Ortí Bordás, el jurista Pedro Crespo, el médico Pedro Sabando, el empresario Francisco Rodríguez y el abad de Covadonga, Juan José Tuñón, serán los encargados de ofrecer las conferencias «En el bicentenario del nacimiento de Mariano José de Larra», «Génesis e ideas del Romanticismo europeo», «Larra periodista», «El extraño costumbrismo de Larra», «La idea de España en Larra», «La novela histórica de Larra», «La agonía del antiguo régimen, telón de fondo de Larra», «Larra y el carlismo», «Larra: el impacto de la Guerra de la Independencia en la primera mitad del siglo XIX», «Larra y la crítica a su tiempo», «La España que Larra no vio y no quiso ver», «Larra, Europa y la cuestión social», «Los afrancesados y la economía española en tiempos de Larra» y «Efectos de la desamortización de Mendizábal en Asturias».
Asimismo, en el edificio de Servicios Universitarios, se desarrollará el curso «Proyecciones jurídicas: el derecho a través del cine», que tratará el estudio de problemas típicamente jurídicos, como la eutanasia, los derechos humanos, la autodeterminación y la responsabilidad civil, utilizando recursos cinematográficos como herramienta pedagógica.
Fuente: lne.es del 27/07/2009
Hace cien años, el carlismo se dio un baño de masas para conmemorar por todo lo alto el acto de la jura de los fueros por parte de Carlos VII el 3 de julio de 1875.
El 3 de julio de 1875, don Carlos de Borbón y Austria de Este, proclamado por sus seguidores como Rey de las Españas, acudió a Gernika para jurar de forma solemne los fueros de Vizcaya. La fórmula utilizada por el jefe carlista fue la siguiente: «Juro por Dios y esta Santa Hostia consagrada guardar y hacer guardar, observar, cumplir y ejecutar inviolablemente los fueros, libertades, franquezas, exenciones, prerrogativas, buenos usos y costumbres que ha tenido y tiene este Muy Noble y Muy Leal Señorío de Vizcaya». Con ese acto se sellaba el compromiso de los carlistas por la defensa de los fueros vascongados.
Si en algún momento habían surgido dudas en cuanto a la reivindicación de la foralidad, tanto por parte de don Carlos como de sus seguidores, aquella solemne ceremonia celebrada bajo el roble de Gernika los disipaba de golpe. Todo quedaba claro. El lema «Dios, Patria, Rey y Fueros», con el que los carlistas habían arrancado la guerra en 1872, era cierto. Sin embargo, ocho meses después, el 27 de febrero de 1876, Carlos VII, derrotado, cruzó la frontera y abandonó España. Se cuenta que, al hacerlo, se dio la vuelta y exclamó: «¡Volveré!». No regresó jamás. Lo único que quedó claro con su marcha fue que para los carlistas se habían terminado las aventuras militares.
No obstante, y a pesar de la derrota, el movimiento no desapareció. Se transformó en una opción política más.
Disparos de revólver
El 3 de julio de 1909, la Juventud Carlista de Bilbao organizó una multitudinaria fiesta en Gernika para conmemorar aquel otro 3 de julio de 1875, «fecha en la que don Carlos de Borbón -señaló 'El Noticiero Bilbaíno'-, prestó juramento bajo el Árbol Santo de conservar, guardar y ejecutar inviolablemente los fueros». El éxito de la convocatoria pudo comprobarse desde primeras horas de la mañana.
De la estación de Atxuri salieron trenes -a las 6.30, a las 6.55, a las 8.15, a las 9.10 y a las 11.00- llenos de correligionarios carlistas tanto de Bilbao como de todos los pueblos de la provincia. El espectáculo fue de lo más colorido ya que cada colectividad portaba sus estandartes y banderas.
Sin embargo, a pesar de la expectación y de la enorme alegría que imperaba en todos los que acudieron al acto, hubo algún que otro susto. Precisamente en el tren en el que iban los integrantes de la Juventud Carlista de Bilbao, los señores Bordás y Salaverry y los concejales de la minoría carlista del Ayuntamiento de la villa.
El convoy se detuvo entre Lemona y Amorebieta debido a que alguien realizó disparos de revólver. La inquietud, que se adueñó de todos los viajeros, se transformó en pánico cuando se percataron de que el vagón-salón estaba ardiendo. Por fortuna, el motivo del humo no fue otro que un recalentamiento de los ejes. Una vez recobrada la calma, el tren prosiguió su camino. Al pasar por las distintas estaciones del recorrido se agregaron numerosas comisiones de los pueblos, «en casi todos los cuales fueron saludados los excursionistas por representaciones del partido, se dieron vivas y se dispararon chupinazos».
Si el ambiente festivo había sido predominante durante el viaje, la llegada a Gernika desbordó todas las previsiones. Según los reporteros destacados a la villa foral, a las diez y cuarto de la mañana, el gentío que se había congregado allí era imponente. «Muchos balcones se hallaban engalanados con tapices y colgaduras de los colores nacionales». El primer acto, una misa al aire libre, se celebró en la Plaza de la Unión. A continuación se jugó en el frontón un partido a 20 tantos entre Fernández de Elgoibar y Campitos de Azpeitia. Ganó el primero por una diferencia de seis.
Posteriormente tuvo lugar una curiosa carrera de bicicletas en la carretera de Forua, «que terminó con lucida carrera de cintas, regaladas por distinguidas señoritas bilbaínas y de otras localidades». Tras las pruebas deportivas, los congregados disfrutaron de los conciertos ofrecidos por la banda de música local, la rondalla de la Juventud Carlista de Bilbao y el orfeón de Durango. A la una de la tarde se dieron por concluidos los festejos. Quedaba claro que la intención de los carlistas era la de recordar el solemne acto de 1875 a través de iniciativas populares y de gran atractivo para la gente. No era tan sólo una fiesta de contenido puramente político, aunque sí hubo discursos y proclamaciones de rigor, que tuvieron lugar tras la comida que las autoridades celebraron en el Teatro Circo.
Esteban Bilbao
Durante el acto político de la tarde se pudo comprobar que la idea principal que los oradores lanzaron a la concurrencia fue la de que el carlismo no estaba acabado. Todo lo contrario. A la altura de 1909, y frente a otras opciones políticas como el nacionalismo o el socialismo, los carlistas se sentían, no sólo como una alternativa con grandes posibilidades, sino como un bloque unido sin fisuras de ningún tipo.
En esta línea, el concejal bilbaíno Esteban Bilbao afirmó que «si había sido cadáver el partido carlista, quedaba demostrado que tenía la facultad de resucitar ante el fuego de sus ideales». También el señor Salaverry señaló que frente a la idea de los liberales, que daban al carlismo por muerto, él presentaba el acto que se celebraba allí mismo. Además calificó de «fecha gloriosísima la que se celebraba, pues en ella se demostró que los carlistas ponen á su patria antes que al rey y obligan á éste a jurar ante Dios el respeto a sus instituciones». No faltaron tampoco palabras en contra de los nacionalistas, a los que acusaron de propagar ideas falsas.
La anécdota de la jornada sucedió en pleno discurso de Esteban Bilbao. Justo en el momento en que el orador hizo referencia al «fuego santo de la idea carlista», las campanas de las iglesias tocaron a fuego porque se incendiaba una chimenea. Afortunadamente, la cosa no fue a mayores.
Fuente: El Correo Digital 5/07/2009
El 3 de julio de 1875, don Carlos de Borbón y Austria de Este, proclamado por sus seguidores como Rey de las Españas, acudió a Gernika para jurar de forma solemne los fueros de Vizcaya. La fórmula utilizada por el jefe carlista fue la siguiente: «Juro por Dios y esta Santa Hostia consagrada guardar y hacer guardar, observar, cumplir y ejecutar inviolablemente los fueros, libertades, franquezas, exenciones, prerrogativas, buenos usos y costumbres que ha tenido y tiene este Muy Noble y Muy Leal Señorío de Vizcaya». Con ese acto se sellaba el compromiso de los carlistas por la defensa de los fueros vascongados.
Si en algún momento habían surgido dudas en cuanto a la reivindicación de la foralidad, tanto por parte de don Carlos como de sus seguidores, aquella solemne ceremonia celebrada bajo el roble de Gernika los disipaba de golpe. Todo quedaba claro. El lema «Dios, Patria, Rey y Fueros», con el que los carlistas habían arrancado la guerra en 1872, era cierto. Sin embargo, ocho meses después, el 27 de febrero de 1876, Carlos VII, derrotado, cruzó la frontera y abandonó España. Se cuenta que, al hacerlo, se dio la vuelta y exclamó: «¡Volveré!». No regresó jamás. Lo único que quedó claro con su marcha fue que para los carlistas se habían terminado las aventuras militares.
No obstante, y a pesar de la derrota, el movimiento no desapareció. Se transformó en una opción política más.
Disparos de revólver
El 3 de julio de 1909, la Juventud Carlista de Bilbao organizó una multitudinaria fiesta en Gernika para conmemorar aquel otro 3 de julio de 1875, «fecha en la que don Carlos de Borbón -señaló 'El Noticiero Bilbaíno'-, prestó juramento bajo el Árbol Santo de conservar, guardar y ejecutar inviolablemente los fueros». El éxito de la convocatoria pudo comprobarse desde primeras horas de la mañana.
De la estación de Atxuri salieron trenes -a las 6.30, a las 6.55, a las 8.15, a las 9.10 y a las 11.00- llenos de correligionarios carlistas tanto de Bilbao como de todos los pueblos de la provincia. El espectáculo fue de lo más colorido ya que cada colectividad portaba sus estandartes y banderas.
Sin embargo, a pesar de la expectación y de la enorme alegría que imperaba en todos los que acudieron al acto, hubo algún que otro susto. Precisamente en el tren en el que iban los integrantes de la Juventud Carlista de Bilbao, los señores Bordás y Salaverry y los concejales de la minoría carlista del Ayuntamiento de la villa.
El convoy se detuvo entre Lemona y Amorebieta debido a que alguien realizó disparos de revólver. La inquietud, que se adueñó de todos los viajeros, se transformó en pánico cuando se percataron de que el vagón-salón estaba ardiendo. Por fortuna, el motivo del humo no fue otro que un recalentamiento de los ejes. Una vez recobrada la calma, el tren prosiguió su camino. Al pasar por las distintas estaciones del recorrido se agregaron numerosas comisiones de los pueblos, «en casi todos los cuales fueron saludados los excursionistas por representaciones del partido, se dieron vivas y se dispararon chupinazos».
Si el ambiente festivo había sido predominante durante el viaje, la llegada a Gernika desbordó todas las previsiones. Según los reporteros destacados a la villa foral, a las diez y cuarto de la mañana, el gentío que se había congregado allí era imponente. «Muchos balcones se hallaban engalanados con tapices y colgaduras de los colores nacionales». El primer acto, una misa al aire libre, se celebró en la Plaza de la Unión. A continuación se jugó en el frontón un partido a 20 tantos entre Fernández de Elgoibar y Campitos de Azpeitia. Ganó el primero por una diferencia de seis.
Posteriormente tuvo lugar una curiosa carrera de bicicletas en la carretera de Forua, «que terminó con lucida carrera de cintas, regaladas por distinguidas señoritas bilbaínas y de otras localidades». Tras las pruebas deportivas, los congregados disfrutaron de los conciertos ofrecidos por la banda de música local, la rondalla de la Juventud Carlista de Bilbao y el orfeón de Durango. A la una de la tarde se dieron por concluidos los festejos. Quedaba claro que la intención de los carlistas era la de recordar el solemne acto de 1875 a través de iniciativas populares y de gran atractivo para la gente. No era tan sólo una fiesta de contenido puramente político, aunque sí hubo discursos y proclamaciones de rigor, que tuvieron lugar tras la comida que las autoridades celebraron en el Teatro Circo.
Esteban Bilbao
Durante el acto político de la tarde se pudo comprobar que la idea principal que los oradores lanzaron a la concurrencia fue la de que el carlismo no estaba acabado. Todo lo contrario. A la altura de 1909, y frente a otras opciones políticas como el nacionalismo o el socialismo, los carlistas se sentían, no sólo como una alternativa con grandes posibilidades, sino como un bloque unido sin fisuras de ningún tipo.
En esta línea, el concejal bilbaíno Esteban Bilbao afirmó que «si había sido cadáver el partido carlista, quedaba demostrado que tenía la facultad de resucitar ante el fuego de sus ideales». También el señor Salaverry señaló que frente a la idea de los liberales, que daban al carlismo por muerto, él presentaba el acto que se celebraba allí mismo. Además calificó de «fecha gloriosísima la que se celebraba, pues en ella se demostró que los carlistas ponen á su patria antes que al rey y obligan á éste a jurar ante Dios el respeto a sus instituciones». No faltaron tampoco palabras en contra de los nacionalistas, a los que acusaron de propagar ideas falsas.
La anécdota de la jornada sucedió en pleno discurso de Esteban Bilbao. Justo en el momento en que el orador hizo referencia al «fuego santo de la idea carlista», las campanas de las iglesias tocaron a fuego porque se incendiaba una chimenea. Afortunadamente, la cosa no fue a mayores.
Fuente: El Correo Digital 5/07/2009
ALFONS GARCIA VALENCIA.- El gran mito carlista valenciano es el general Ramón Cabrera (el temido Tigre del Maestrazgo), pero en 1872, cuando arrancó la Tercera Guerra Carlista (duró hasta 1876), el militar y político no estaba ya por las soluciones bélicas y se había distanciado del pretendiente al trono, Carlos VII. Sin embargo, aunque la nueva intentona legitimista tuvo especial incidencia en Navarra y el País Vasco, también se dejó notar en las tierras valencianas, fundamentalmente en el Maestrat. El diario vespertino británico The Evening Standard envió a un corresponsal, el ex oficial George Mac-Graham, a cubrir la contienda. Entre febrero de 1873 y el final de 1874 publicó cincuenta crónicas, en las que refleja el ambiente en España, en especial en la zona carlista. Ahora han sido recuperadas por el coronel e investigador valenciano -afincado en Sevilla- Enrique Roldán en el libro Un corresponsal en España (Actas Editorial).Mac-Graham repasa en su crónica número 40 la situación en "una comarca llamada Maestrazgo", donde se asentaba un ejército de 10.000 hombres, dice, bajo el mando de Don Alfonso, hermano de Carlos VII. Destaca como hazañas de esta tropa la toma de Albacete, Cuenca, Vinaròs y Sagunt. "Permanecen casi siempre en las montañas -observa-, realizan sus ataques de forma rápida, como en la toma de Cuenca, y regresan a sus lares montañosos".El cronista se pregunta en su artículo "¿quiénes componen los ejércitos carlistas?" "En el norte -contesta- gentes de todas las clases sociales, aristócratas, clases medias y campesinos; en las demás regiones predominan los campesinos en Cataluña, Aragón y Valencia; en las dos Castillas, Asturias, Santánder, León y Galicia agricultores y clases medias, con algunos nobles provincianos; y en todas las regiones con ayuda del clero". Todos estos voluntarios "tienen un fondo religioso, de amor a las libertades y fidelidad a Don Carlos", escribe. Pero además, existen peculiaridades regionales. El británico no oculta su pasión por los navarros, a los que "se les ve que aman la lucha". "Son fuertes, cabezotas y obstinados, luchan como demonios", dice. Los carlistas catalanes "son muy parecidos a los navarros", apostilla, "duros en la batalla, pero respetan menos las normas de la guerra, la compasión y el respeto al vencido". "Los valencianos -continúa- son más corteses en la guerra, han asumido la lucha de guerrillas, con escaramuzas a las guarniciones de los pueblos, de estaciones de ferrocarril y convoyes de suministros".
Fuente: www.Levante-EMV.com (10/6/2009) VER NOTICIA ORIGINAL
Revista: Madrid Histórico, número 21PVP: 5,95 €
ISSN: 1885-5814
La revista Madrid Histórico, en su número 21 de Mayo/Junio de 2009, nos ofrece un artículo firmado por D. Francisco Pérez Gimena y con ilustraciones de A. Ferrer Dalmau, que lleva por título “La Expedición Real. Los carlistas a las puertas de Madrid (septiembre de 1837)”.
Conocida es la historia de esta Expedición Real, que tenía como principal motivo la entrada de Carlos V en Madrid, para poner fin a una guerra iniciada en 1833, y que ya en 1837 parecía demasiado larga.
Todavía no están claros los motivos por los que las tropas legitimistas no entraron en Madrid. Quizá los voluntarios de Don Carlos no se vieran capaces, quizá la traición volvió a jugar su protagonismo, o quizá la versión más propalada sea cierta: la Reina Gobernadora doña María Cristina, sin bien en un primer momento había decidido acercarse al bando carlista, con la promesa de la boda entre Isabel (llamada II) y el infante d. Carlos (futuro Carlos VI), con posterioridad encontró elementos en el liberalismo conservador, que la convencieron para seguir la guerra contra los legitimistas.
De cualquier forma el artículo que publica la revista Historia de Madrid, es muy recomendable para todos los carlistas.
Finalizada la guerra civil, ya en la década de los 50, cuando el euskera y la cultura vasca comenzaron a levantar la cabeza, la figura de Antonio Arrue (1903-1976) resultó decisiva. Por su afiliación pública y notoria a los ideales del carlismo, resultaba una persona fiable a los ojos del régimen franquista. De esa manera, pudo ayudar al resurgimiento de los campeonatos de bertsos, trabajó también para que Euskaltzaindia consiguiera un estatus legal y, asimismo, tiene en su haber la dinamización de la revista euskérica Egan. Arrue fue algo así como un salvoconducto: Euskaltzaindia y otros colectivos se valieron de este abogado euskaltzale para sortear las trabas impuestas por los franquistas.Ahora, la Academia de la Lengua Vasca quiere reconocer la trayectoria intelectual de Arrue con la publicación de sus escritos y conferencias. «Queremos así pagar la deuda que teníamos con este hombre», ha manifestado el presidente actual de Euskaltzaindia, Andrés Urrutia.
El prólogo del libro Idaztiak eta hitzaldiak, Escritos y conferencias es de Antonio Zavala. Cuando el jesuita de Tolosa murió de manera imprevista, el pasado 2 de enero, ese texto del prólogo estaba todavía fresco, recién entregado a los responsables de Euskaltzaindia. Y no es de extrañar que fuera Zavala quien realizara esa pequeña biografía de Arrue: habían sido muy amigos, sobre todo debido a las andanzas de ambos entre los bertsolaris y los campeonatos de bertsos.
En ese texto de Zavala nos encontramos con una primicia: nuestro protagonista estuvo desterrado por el régimen franquista en Gijón a lo largo de un año. Escribe así el jesuita: «Arrue formó parte de la Junta del partido carlista en Gipuzkoa. Durante la República actuó aquí y allí como orador en euskera en muchos mítines; y cuando estalló la guerra de 1936, en el tiempo en que San Sebastián quedó en zona republicana, él tuvo que permanecer escondido para salvar su vida. Pero después de la guerra, no se hallaba por lo visto conforme con Franco y hablaba más fuerte de lo conveniente. En consecuencia, las autoridades lo enviaron al destierro, a Gijón, donde residió un año. Pero de estos incidentes apenas le oí hablar. No eran, por lo que se ve, tema de su gusto».
Después, Zavala relata un comentario que le hizo el propio Arrue, en el que desacredita a Carlos Hugo, que en los años setenta se había empeñado en cambiar la ideología del partido. Arrue juzgó así al pretendiente carlista: «Yo continuaré siendo carlista hasta la muerte. Pero con Carlos Hugo y los suyos no quiero saber nada».
Arrue fue nombrado académico de Euskaltzaindia en 1954. Un año antes, se había destacado por entrar en la dirección de la revista Egan, que dependía de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País. Tomó el timón junto con Koldo Mitxelena y Aingeru Irigaray. Y en esa revista euskérica Arrue llevó además a cabo otra tarea singular y pionera: se encargó de una sección fija sobre gastronomía, titulada Jan edanak. Y es que nuestro personaje era un especialista en la materia, un auténtico mokofin. «No hace mucho tiempo hicimos un listado de los libros sobre gastronomía que tenía el padre; resultaron ser más de dos mil», nos ha dicho su hijo Juan Mari. Luego, esos artículos se publicarían en forma de libro un par de veces: primero, en 1979, en una edición a cargo de la Caja de Ahorros Provincial; y en 2005, por iniciativa de la revista Egan.
El franciscano Luis Villasante, que fue presidente de Euskaltzaindia, dejó escrito que Arrue fue clave en las gestiones ante la Administración para que en 1956 se pudiera celebrar un congreso de vascófilos en Arantzazu.
Euskaltzaindia puso en marcha el primer campeonato de bertsolaris en 1960. Se acababa así el gran paréntesis en los campeonatos, a resultas de la Guerra Civil. Así escribió Villasante: «Dentro de la Academia existía, y existe, un comité dedicado a la organización de campeonatos y festivales de bertsolaris. A ese comité pertenecía el señor Arrúe y me consta que con una dedicación especial».
Cuando se presentó -hace unas semanas en Donostia- el libro recopilatorio de los artículos de Arrue, el periodista Josemari Iriondo rememoró así la impresión que le causó nuestro protagonista: «Siempre me pareció un hombre muy serio, y me gustaban muchísimo los discursos que pronunciaba cuando acababa el acto de reparto de premios en los campeonatos de bertsos. Era un orador ardiente, con una inspiración del nivel de los bertsolaris; y hablaba en el hermoso euskera de Asteasu. Yo no vi nunca a Arrue dando un mítin, pero no tengo duda de que sería bastante mejor que muchos políticos de hoy en día».
Villasante contó también que, cuando la Academia realizó unos actos en Bayona, en memoria del príncipe Bonaparte -que había realizado el conocido mapa de los dialectos del euskera-, Lafitte pidió que el orador principal fuera Arrue, «porque nosotros somos muy fríos».
Arrue pasó a la historia como un hombre que ayudó a Euskaltzaindia mediante gestiones ante las Administraciones públicas, debido a sus estudios de Derecho y a su condición de nada sospechoso de veleidades nacionalistas vascas. De hecho, Arrue fue procurador en las Cortes de Madrid, por el tercio familiar, en la legislatura comprendida entre 1967 y 1971. Villasante narró en ese prólogo ya mencionado las gestiones de Arrue para conseguir el reconocimiento legal de la Academia: «Hacia el año 1969 se extendió el rumor de que la Academia de la Lengua Vasca no gozaba de personalidad jurídica y que, por tanto, cualquier irregularidad que con ella se hiciera era irrelevante, porque no podía defenderse. (...) Se encontraba, por tanto, en la necesidad de regularizar su situación. Y también para eso encontró en el señor Arrúe un firme y leal apoyo». Primeramente, en 1972, la Academia puso al día el reglamento interno. Luego, Villasante y Arrue hicieron varios viajes a Madrid, para conseguir que la institución fuera reconocida como ente legal. Recibieron buenas palabras, pero nunca el gesto definitivo. La legalización no llegó hasta 1976, con Franco muerto y Juan Carlos en el sillón de rey.
Arrue fue un carlista convencido. Mientras era procurador en Cortes, votó en contra de que Juan Carlos de Borbón fuera el sucesor de Franco. Prosigue su hijo Juan Mari: «Koldo Mitxelena me dijo que en la Academia siempre respetaron mucho a mi padre, por mantenerse en su ideario y por su integridad intelectual».
¿Cómo vieron los más jóvenes a este personaje? Es de suponer que habría de todo, desde los que lo tachaban de conservador hasta los que le reconocían numerosos méritos.
El testimonio de Xabier Kintana, académico de Euskaltzaindia nacido en 1948, es jugoso: «Cuando hicimos el método de aprendizaje del euskera Euskalduntzen, le pedimos ayuda y nos dijo que hablaría con los censores. Era 1972, Franco vivía todavía, y era complicado lograr los permisos de publicación. Conmigo se portó siempre muy bien, mejor imposible. A mí no me daban pasaporte, porque tenía ficha policial, por antifranquista, pero gracias a Arrue conseguía pases de favor, para así poder pasar la frontera. Iba bastantes veces con Aresti a Iparralde, para entrevistarnos con Txillardegi, más que nada sobre asuntos de la unificación del euskera. Aresti, en cambio, sí tenía pasaporte. Arrue era muy bromista y me decía que si la policía me pillaba con una metralleta que le llamara, y que haría todo lo posible».
Gobierno Civil de Guipúzcoa.- Secretaría General.- Negociado 5º. Nº 231.
«En uso de las facultades que me están conferidas, he acordado imponer a Vd. una multa de CINCO MIL PESETAS por su participación en actividades encaminadas a entorpecer la normal ejecución de decisiones gubernativas, fomentando actitudes disgregadoras y de indisciplina, que considero contrarias al Movimiento Nacional, cuando se perfila su postura de insolidaridad con los postulados más fundamentales de aquél, al desoír reiterados llamamientos de cooperación a la lucha anticomunista, en términos que por su personalidad y significación al trascender al público, afectan al orden y disciplina que tengo la obligación de mantener.
Dicha multa deberá hacerla efectiva en papel de Pagos al Estado en este Gobierno Civil en el plazo de OCHO DíAS contados a partir....
San Sebastián, 4 de febrero de 1943
EL GOBERNADOR CIVIL
Luis Rodríguez Miguel
FUENTE: (Diario Vasco 03/05/2009)
Ya ha salido el número 100 de Acción Carlista, boletín publicado por la Comunión Tradicionalista Carlista.
En el interior de mismo se solicita una pequeña ayuda económica para que Acción Carlista puede cumplir otros 100 números.
De igual forma, cabe reseñar que dicho Boletín publica una breve reseña del Boletín Carlista de Madrid, editado por este Círculo Carlista y dedicado al 175 aniversario del carlismo.
VER ACCIÓN CARLISTA Nº 100
En el interior de mismo se solicita una pequeña ayuda económica para que Acción Carlista puede cumplir otros 100 números.
De igual forma, cabe reseñar que dicho Boletín publica una breve reseña del Boletín Carlista de Madrid, editado por este Círculo Carlista y dedicado al 175 aniversario del carlismo.
VER ACCIÓN CARLISTA Nº 100

División de opiniones entre los historiadores
Tres de los consultados piden respeto a algunos políticos o intelectuales franquistas y dos abogan por borrar toda la lista.
De cuatro historiadores de la Universidad de Sevilla consultados por este periódico y un quinto que prefiere no revelar su identidad, tres de ellos coinciden en que se borren del callejero los autores cuyo único mérito fue el golpe militar o la violencia de la represión franquista, pero no así el nombre de algunos políticos o intelectuales simpatizantes del régimen de Franco que destacaron en otras parcelas. Por contra, otros dos piden que se eliminen todos los elegidos por el Ayuntamiento por considerar que no merecen homenaje alguno.
Rafael Sánchez Mantero, José Manuel Macarro y Concha Langa son partidarios de mantener a los personajes -se resisten a citar nombres- que hicieron cosas por Sevilla que no tengan que ver con la violencia de la guerra y ven absurdo retocar los rótulos de José María Pemán, Plaza Ruiz de Alda y Marqués Luca de Tena para eliminar alusiones políticas. Leandro Álvarez Rey y otro experto -que prefiere no aparecer- opinan que todos los nombres deben desaparecer.
En el listado de los violentos cuya desaparición del callejero no suscita dudas entrarían la veintena de militares o militares retirados de diferente rango que participaron en el golpe militar de 1936 y en la Guerra Civil. El Capitán Pérez de Sevilla (el artillero que disparó cañones delante del Ayuntamiento contra el gobierno civil), el general Luis Alarcón de la Lastra (terrateniente y ex diputado de la CEDA que lidera un piquete de ametralladoras en el puente de Triana, según relata el historiador Juan Ortiz Villalba en Del Golpe militar a la Guerra Civil. Sevilla 1936), Ramón de Carranza (ex capitán y alcalde nombrado por Queipo de Llano que participa en la conspiración previa al golpe e interviene en un frente que asalta Triana).
Hay más militares: cabo Francisco Díaz López y soldado Julián Carrión Bayón, capitán Tassara Buiza, comandante Morales León, general García de la Herranz (muerto en julio de 1936 y compañero de Sanjurjo en el conato de sublevación en Sevilla en agosto de 1932), general Goded (capitán general de Cataluña sublevado el 18 de julio de 1936), capitán Vigueras (por su contribución al levantamiento), general Orgaz (también organizó el cuerpo de alféreces provisionales), general Martínez Vara del Rey (lidera el sabotaje contra el aeródromo de Tablada el 18 de julio) y sargento Manuel Olmo Sánchez (lleva armas a Utrera).
Hay un grupo de aviadores militares que murieron en plena contienda: Carlos Haya, García Morato, Francisco Díaz-Trechuelo, Bermúdez de Castro, José María Osborne, Manuel Vázquez Sagastizábal, Sebastián Recasens y Tomás Murube. La asociación de vecinos Huerta de Santa Teresa, en Nervión, defiende mantener las calles de estos dos últimos por ser destacados pilotos del Aeroclub de Sevilla.
Otro grupo de calles de las que se quieren eliminar están dedicadas a personajes que fueron de derechas o falangistas como Sancho Dávila (pariente de los Primo de Rivera y jefe de Falange de Sevilla en 1933 y luego de Andalucía), Manuel Fal Conde (abogado y carlista responsable de la comunión tradicionalista desde 1930 que participó en el intento de sublevación de Sanjurjo en 1932), así como a otros que fallecieron en el golpe militar como José Ignacio Benjumea, Luis Mensaque y Eduardo Rivas (en 1935). Y periodistas como Domingo Tejera (del diario carlista La Unión), de quien Ortiz Villalba asegura en su libro que a partir de 1936 convirtió el periódico en tribuna desde la que se señalaba a quién fusilar. Hay tres calles de localidades con enfrentamientos en la Guerra Civil: Belchite, Brunete y Somosierra. Peñarroya y Pozoblanco se mantendrán añadiéndoles "Villa de" para quitarles el matiz de la guerra.
Los nombres que más dividen a los historiadores consultados son los de políticos o ministros de la Dictadura de Franco como Pedro Gutiérrez Calderón (alcalde de Alcalá), José María Martínez Sánchez Arjona (vivienda), Pedro Gual Villalví (ministro sin cartera y presidente del Consejo de Economía Nacional), Utrera Molina (gobernador civil de Sevilla de 1962 a 1969 y actual suegro de Alberto Ruiz Gallardón), Mariano Mota (rector; dirigió la depuración política de la Universidad y de la enseñanza primaria y secundaria) y presidente Carrero Blanco. Y otros protagonistas tras el golpe, como Joaquín Benjumea Burín (presidente de la Diputación Provincial nombrado por Queipo de Llano y ministro económico).
Fuente: Diariodesevilla.es de fecha 19/07/2008
Páginas: 130ISSN: 0210-6353
P.V .P.: 4 €
La revista Historia 16 del mes de Julio dedica dos artículos al carlismo.
El primero, “La ley de 21 de julio de 1876, la llamada Ley de abolición de los fueros vascos”, por D. Armando Besga Marroquín, analiza las normas que supusieron el final del régimen foral vasco y la instauración de los conciertos económicos. Aunque el enfoque no es correcto, pues el autor considera que la Ley de 21 de Julio no supuso per se la abolición de los fueros, no obstante presente un interés incuestionable.
El segundo de los artículos, salido de la pluma del historiador Mikel Rodríguez Álvarez, esta dedicado a “Ramiro Larrañaga, un voluntario en la Batalla del Ebro”. El estudio presenta poco interés, por cuanto supone una mera selección de fragmentos de las memorias del propio Ramiro Larrañaga, joven guipuzcoano que en junio de 1938, se enroló con tan sólo 15 años en el Tercio Zumalacárregui, integrado en el glorioso Tercio de Montejurra, que a su vez estaba integrado en la famosa 1ª División de Navarra.

La familia de Manuel Fal Conde, cuyo nombre desaparecerá de una calle de Sevilla junto a otras de connotaciones franquistas, se ha reunido con el Ayuntamiento para explicarle que vivió exiliado o confinado desde 1936 hasta 1945 y que no colaboró con el régimen de Franco.
El Ayuntamiento de Sevilla ha informado hoy, en un comunicado, de la reunión celebrada por el primer teniente de alcalde, Antonio Rodrigo Torrijos, y los herederos de Fal Conde, cuya calle está incluida en el cambio del nomenclátor por aplicación de la Ley de Memoria Histórica.
El Ayuntamiento destaca en su comunicado que Manuel José Fal Conde fue un político carlista que encabezó la Comunión Tradicionalista de Andalucía occidental, dando prioridad a sus juventudes y milicias (el requeté).
Nacido en Higuera de la Sierra (Huelva) y fallecido en Sevilla en 1975, el Registro oficial recoge que se le concedió una calle como 'profesor encargado de la cátedra de Derecho Procesal, jefe delegado de la Comunión Tradicionalista, teniendo una participación destacada en la génesis del Movimiento Nacional'.
Sostiene el Ayuntamiento que durante la Guerra Civil se exilió a Portugal 'tras pretender crear una Academia Militar Carlista'.
Domingo Fal Conde, hijo del político, participó en la reunión con Rodrigo Torrijos y ha dicho hoy a Efe que su padre no colaboró con el régimen de Franco y que incluso rechazó ser miembro del Consejo Nacional de Falange en su primera reunión de 1937.
Ha afirmado además que su padre escribió una carta a Franco, que está publicada, en la que le pedía volver al régimen de libertades y disolver el partido único.
Según Domingo Fal Conde, su padre se exilió a Portugal cuando le pusieron ante la disyuntiva de 'pelotón de fusilamiento o destierro' y, tras permanecer en ese país entre diciembre de 1936 y noviembre de 1937, quedó confinado en una finca de Palencia hasta septiembre de 1939.
Finalmente, entre diciembre de 1939 y diciembre de 1945 vivió confinado en Sevilla.
Fuente: Terra Actualidad – EFE 21/06/2008
Fuente: Terra Actualidad – EFE 21/06/2008
PP propone al Ayuntamiento la recuperación de los restos de los tres fuertes carlistas que existen en Bilbao
El PP de Bilbao ha propuesto al Ayuntamiento la recuperación de los restos de los tres fuertes carlistas que existen en la capital vizcaína, situados en los altos de Kobeta, Arraiz y Altamira, y la creación de centros de interpretación en estos espacios para difundir la 'parte de la historia de nuestra Villa', según informó el concejal popular Luis Hermosa.
En un comunicado, Hermosa destacó que Bilbao 'fue testigo presente de las diferentes guerras carlistas que tuvieron lugar durante el siglo XIX, siendo además ejemplo fiel de la lucha histórica entre tierra llana y las villas, y configurándose como defensa de las corrientes liberales de la época'.
En este sentido, resaltó que la capital vizcaína posee un patrimonio importante de esta época, 'que se ha descuidado en los últimos tiempos fomentando su abandono y su paulatina destrucción'. 'Figuras de aquella época son parte de nuestra historia, reflejadas en nuestro callejero, como Zumalacarregui, Espartero o el General Concha', subrayó.
En su opinión, es importante acometer una actuación de restauración y reconstrucción de este patrimonio, así como la realización de unas rutas de senderismo con iconos históricos de los diferentes sucesos ocurridos en el Sitio de Bilbao en el año 1874.
Hermosa consideró también importante recuperar patrimonialmente estos lugares, así como sus alrededores creando zonas verdes y miradores, 'aprovechando así su excelente ubicación, creando una ruta o unos hitos de la guerra carlista a la cual acompañamos una propuesta de nombramiento que sería la Ruta del Sitio'.
Fuente¨Terra Actualidad - Europa Press
En un comunicado, Hermosa destacó que Bilbao 'fue testigo presente de las diferentes guerras carlistas que tuvieron lugar durante el siglo XIX, siendo además ejemplo fiel de la lucha histórica entre tierra llana y las villas, y configurándose como defensa de las corrientes liberales de la época'.
En este sentido, resaltó que la capital vizcaína posee un patrimonio importante de esta época, 'que se ha descuidado en los últimos tiempos fomentando su abandono y su paulatina destrucción'. 'Figuras de aquella época son parte de nuestra historia, reflejadas en nuestro callejero, como Zumalacarregui, Espartero o el General Concha', subrayó.
En su opinión, es importante acometer una actuación de restauración y reconstrucción de este patrimonio, así como la realización de unas rutas de senderismo con iconos históricos de los diferentes sucesos ocurridos en el Sitio de Bilbao en el año 1874.
Hermosa consideró también importante recuperar patrimonialmente estos lugares, así como sus alrededores creando zonas verdes y miradores, 'aprovechando así su excelente ubicación, creando una ruta o unos hitos de la guerra carlista a la cual acompañamos una propuesta de nombramiento que sería la Ruta del Sitio'.
Fuente¨Terra Actualidad - Europa Press

Reproducimos la reseña que el periódico Minutodigital publicó en su edición del Domingo 1 de junio de 2008, del libro publicado por el Círculo Carlista San Mateo.
Autor:D. Francisco de Paula Madrazo
Páginas: 417
Edita: Círculo Carlista San Mateo
P.V.P: 26,09 €
Adquisición : http://boletincarlista.bubok.com/
Con motivo de la celebración del 175 aniversario del Carlismo, el Círculo Carlista San Mateo de Madrid, con la colaboración del Centro de Estudios Históricos y Políticos General Zumalacárregui, inicia la publicación de los Textos Históricos del Carlismo.
Páginas: 417
Edita: Círculo Carlista San Mateo
P.V.P: 26,09 €
Adquisición : http://boletincarlista.bubok.com/
Con motivo de la celebración del 175 aniversario del Carlismo, el Círculo Carlista San Mateo de Madrid, con la colaboración del Centro de Estudios Históricos y Políticos General Zumalacárregui, inicia la publicación de los Textos Históricos del Carlismo.
El título elegido para el Volumen I de la Biblioteca Tradicionalista ha sido la “Historia Militar y Política de Zumalacárregui y de los sucesos de la Guerra de las provincias del Norte, enlazados a su época y a su nombre”, de D. Francisco de Paula Madrazo.
La edición que ahora presentamos, es una edición Fascímil de la publicada en 1844 en Madrid, por la Imprenta de la Sociedad de Operarios del mismo Arte.
Ahora que tanto se habla de memoria histórica es necesario recobrar la verdadera historia de los héroes que primero se levantaron contra los franceses en la Guerra de la Independencia, y luego es levantaron en defensa de la España auténtica apoyando los intereses legítimos de D. Carlos V, frente a Isabel II.
El general Zumalacárregui, es una más de esas figuras que la historia moderna, y muy especialmente el PNV, han querido apropiarse como precursoras del movimiento independentista. Sin embargo, la realidad es bien diferente, pues Zumalacárregui sólo amo y lucho por una España que quería católica y libre de influencia foránea.
Desde aquí felicitamos al Círculo Carlista San Mateo, que con este libro contribuirá al mayor conocimiento de una de nuestras mayores glorias militares.

Reproducimos el artículo aparecido en el diario ABC, en su edición de Sevilla del día 31/05/2008
POR MERCEDES DE LA FUENTE
POR MERCEDES DE LA FUENTE
Hacía falta valor en la España de 1872 para recorrer solo y andando casi cuatrocientos kilómetros en un país recién salido de la Revolución del 68 y sacudido por la III Guerra Carlista, máxime siendo una mujer de quince años, pero el arrojo fue consustancial a la voluntaria carlista Francisca Guarch, castellonense de Castellfort nacida en 1857.
De modesta familia de tejedores y deslumbrada por los relatos de su padre, un tarde salió del Rosario y marchó hacia Benasal sin avisar a nadie, con lo puesto y decidida a imitar a su hermano mayor sumándose a alguna de las partidas voluntarias que defendían la causa carlista.
Temiendo ser reconocida en el Maestrazgo, marcha a Cataluña y alterna las jornadas agotadoras con ocasionales trabajos a cambio de comida hasta encontrarse con un matrimonio también tradicionalista que le cambia sus sayas femeninas por pantalón de pana, blusón y gorra. Un corte de pelo y Francisca se transformó en Francisco, un imberbe pero «fornido y bien dispuesto muchacho» que llegó a Gerona y logró el fusil y la ansiada boina encarnada que harían de ella una heroína.
Estampido de cañones, noches al raso, olor a sangre y pólvora llegaron a la vida del «bizarro Francisco», capaz de cargar kilómetros con un camarada herido, ejecutar a un traidor o granjearse la admiración de voluntarios y jefes de partida por su valor: «Este muchacho es un león», diría su capitán mientras el Infante Alfonso le otorgaba la cruz del mérito militar que muestra hoy la foto exhibida en los museos del Ejército de Madrid y Valencia.
Las agallas de «lo valensianet» luchando admiraban tanto como su gracejo con las jóvenes allí donde recalaba la partida. Así vivió un delirante enredo fingiendo ser el marido de una recién casada y llegó a prometerse con una pubilla llamada Carmen, a quien colmaba de requiebros y por quien tuvo una disputa «entre hombres» que llevó a Francisco/a varios días a la cárcel.
La aventura acaba cuando su padre, que la busca sin tregua en una odisea paralela, la encuentra finalmente en Mieras. La noticia de una mujer disfrazada de hombre entre las filas carlistas se convierte en leyenda y, tras vivir un tiempo en Francia por seguridad, trabajando de criada en una familia carlista, al volver a Castellfort es ya una heroína. Aún protagonizaría otras hazañas vitales esta atípica mujer que acabó sus días convertida en fervorosa monja de la Caridad hasta su muerte en 1903.




